Vida seropositiva, líquida identidad, lo personal que es a la vez político. La memoria de Félix González-Torres (1957-1996) se expresa en la antítesis de palabras que recorren su obra. Con dulce venganza la alegría del duelo motiva el gesto del artista en una elegía de resiliencia. El Museo Reina Sofía lo acoge en su propósito como parte de una genealogía. Vida y activismo, arte y militancia, una conciencia que vagamente apela al espectador y lo transporta a la insumisa Stonewall, a la historia de los afectos durante la crisis del sida o a los testimonios de la migración forzada.PublicidadNancy Spector, curadora de la exposición Dulce Venganza, que homenajea al artista en el Museo Reina Sofía, explica en entrevista con Público: "González-Torres ocupa un lugar central tanto en la historia del arte queer como en la historia cultural del VIH/sida. Pertenece a una generación de artistas que transformaron la crisis en un espacio de activismo político y estético, junto a figuras como David Wojnarowicz, Nan Goldin y General Idea, entre muchos otros". Con un minimalismo cósmico las salas del museo recrean el cuerpo omnipresente. Montañas de caramelos –ónice, turquesa o envueltos en plata–, que el público recoge con cierto extrañamiento. Láminas de papel con crípticos mensajes que expresan la desorientación social. El uso estratégico de la abstracción queda contenido en la acción colectiva de materiales que van y vienen, cuerpos que van y vienen; sangre, mercancía, ideas propagándose, exilio, sexilio, migración y el VIH que, junto a las enfermedades oportunistas, trajo consigo un repunte de la lgtbfobia.Sobre la circulación de materiales, Nancy Spector comenta: "Estas estructuras participativas han sido entendidas con frecuencia a través del prisma de la colectividad queer. Durante la crisis del sida, las comunidades tuvieron que inventar nuevas formas de cuidado y apoyo mutuo frente al abandono institucional. La obra de González-Torres evoca esta experiencia social al crear formas que dependen del compromiso comunitario".Asimismo, en relación con el uso de la abstracción, añade: "La abstracción nunca fue una vía de escape de la política o de la biografía. Los sujetos queer a menudo tenían que negociar formas de censura y estigma social. La abstracción proporcionó un medio para hablar indirectamente sobre el amor, la enfermedad y el duelo", explica la comisaria. PublicidadEn este sentido, la obra del artista cubano circula libremente por el espacio que el arte povera ofrece a la imaginación. Pensar los afectos desde la prudencia o el estado del organismo mediante el paso de una sala a otra, por una cortina de luces que rozan los cuerpos. Es en la fricción con la materia donde se refleja, a grandes rasgos, el declive corporal."Durante la crisis del sida, las comunidades tuvieron que inventar nuevas formas de cuidado y apoyo frente al abandono institucional", comenta Nancy SpectorPublicidadEn sus diagramas se enuncia el bajo nivel de linfocitos T en la sangre de una persona que experimenta la inmunodeficiencia derivada del sida. El cuerpo queda representado mediante la extrapolación de datos biomédicos en formas visuales, que hablan del desgaste físico, mediante una diagonal que atraviesa el sistema inmunitario. Asimismo, al nombrar el cuerpo seropositivo se nombran los afectos, el recuerdo de aquel que fue su pareja, Ross Laycock. "La muerte de Ross Laycock influyó profundamente en la obra de González-Torres, aunque sería inexacto describirla como una transformación completa o una ruptura", declara Alejandro Cesarco, artista visual y comisario que, junto a Nancy Spector, componen el equipo curatorial de la exposición. A lo que añade: "Los temas de la ausencia, la temporalidad y la fragilidad ya estaban presentes en su práctica. Sin embargo, estas obras también tratan del amor. No son monumentos a la muerte, sino estructuras que insisten en la continuidad y la renovación".Por consiguiente, a propósito de los afectos, una pista de baile improvisada –donde una guirnalda de luces queda suspendida junto a un dispositivo de reproducción portátil con dos auriculares– invita a una pareja a ejecutar un vals silencioso dentro del espacio que delimitan las luces. De igual modo, dos espejos de cuerpo entero colocados a escasa distancia entre sí aluden tanto a la unión erótica como a la pérdida. Su simetría evoca la homosexualidad; un mismo sexo en las propiedades materiales de su composición que, sin embargo, fluctúa por el horizonte de una vida queer.La denuncia social, además, también se expresa en una escultura hecha con las serigrafías que nunca llegó a vender. Estas habían sido producidas para financiar la valla publicitaria realizada junto al Public Art Fund de Nueva York, en conmemoración de los disturbios de Stonewall de 1969. La valla publicitaria, rectangular y negra, presenta una leyenda de dos líneas con fechas, nombres y acontecimientos vinculados a la lucha por los derechos LGTBIQ+. Una de las referencias remite a la memoria de Oscar Wilde, perseguido judicialmente por ser homosexual."Su obra nos recuerda, entre otras cosas, que la vulnerabilidad no es únicamente una condición privada, sino también política. Plantea cómo sobreviven las comunidades a los períodos de fragmentación social y cómo pueden imaginarse formas de solidaridad en condiciones de crisis", declaran los curadores de la exposición. PublicidadCon esta cosmovisión de activismo crítico lo personal y lo político se diluyen en la obra de González-Torres. Al activismo LGTBIQ+ se le suma la experiencia de la migración, a la que el mismo artista tuvo que hacer frente. Junto a su hermana, migró desde Cuba y se refugió en España, para más tarde viajar a Puerto Rico y finalmente instalarse en Nueva York, donde pasó la mayor parte de su vida adulta. Se aprecia una ruptura de la identidad a través de la conciencia de la diáspora. Conciencia social que, asimismo, atiende al escenario geopolítico mediante la alusión, en otra de sus serigrafías, a la violencia perpetrada en la Franja de Gaza."La migración y el desplazamiento son fundamentales para la comprensión que González-Torres tenía de la identidad y la pertenencia. Tras abandonar Cuba siendo niño y vivir en varios contextos culturales distintos, experimentó de primera mano la inestabilidad de las identidades nacionales y culturales", explica Nancy Spector.PublicidadAdemás, en lo que respecta al escenario geopolítico en Gaza, González-Torres prestó atención a la violencia estatal, a la distribución desigual del duelo y a las formas en que ciertas vidas se vuelven visibles mientras otras permanecen marginadas o son consideradas prescindibles: "Estas preocupaciones siguen siendo profundamente relevantes en contextos contemporáneos, ya sea en relación con la catástrofe humanitaria en Gaza, con la persistencia de los conflictos armados a escala global o con la duradera influencia política de organizaciones como la Asociación Nacional del Rifle en EEUU", subraya la curadora.