El Museo Lázaro Galdiano de Madrid exhibe ‘Once Again... (Statues Never Die)’, una videoinstalación inmersiva donde el británico aborda su reivindicación política desde el diálogo y la poesía

En la desembocadura de una tradición asentada sobre las ruinas de la Antigüedad clásica, las vanguardias de principios del siglo XX dieron un vuelco a los cánones milenarios al dignificar y buscar inspiración, por primera vez en la historia del arte occidental, en la creación emanada del continente africano. En la estela de aquel cortocircuito provocado por pintores como Matisse o Picasso, el mecenas Alfred C. Barnes levantó en Filadelfia su imponente colección de arte impresionista y modernista con la escultura africana como eje central, en un momento en el que florecía en la Nueva York de los años veinte el

et="_self" rel="" title="https://elpais.com/cultura/2015/02/04/babelia/1423070723_925711.html" data-link-track-dtm="">Renacimiento de Harlem, el movimiento cultural que definiría la nueva negritud en EE UU a partir de las ideas del filósofo Alain Locke.

En Once Again… (Statues Never Die), una videoinstalación del británico Isaac Julien perteneciente a la Fundación Calparsoro y desplegada en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid hasta el 29 de marzo, el pensador negro y el coleccionista blanco —interpretados por André Holland y Danny Houston— se sientan para discutir sobre la relevancia del arte africano y la cuestión aparentemente contemporánea de la restitución, una controversia que se remonta en realidad a hace medio siglo. “Quería aproximarme a este debate, que es bastante conflictivo, desde lo que llamo la idea de la restitución poética”, explica Julien en una sala del museo custodiada por unas armaduras medievales, sentado junto a Mark Nash, guionista y colaborador habitual. “Una de las cosas que más me interesan de este debate es el papel del objeto africano para los artistas negros de la diáspora”.