Bajad las armasChristopher Nolan acomete una pel�cula-acontecimiento con la ambici�n de los cineastas previos al 'streaming', pero la pone al servicio de la reivindicaci�n del primer narrador de OccidenteFotograma de la pel�cula 'La Odisea',con Matt Damon (izq.) en el papel de Ulises.Actualizado Viernes,

julio

23:59En 2003 a�n reg�a el plan antiguo de Filolog�a Cl�sica en la Complutense, as� que nuestras asignaturas troncales ten�an nombres como Homero, S�neca o S�focles. No eran t�tulos orientativos: efectivamente pas�bamos meses estudiando y traduciendo obras de Homero, de S�neca y de S�focles. En tercero de carrera nuestro profesor de Homero era Carlos Garc�a Gual, cuya exigencia no se deb�a a su car�cter sino al estupor que le causaba el hecho de que sus alumnos, reci�n cumplidos los 20 en el siglo que estaba a punto de alumbrar el tel�fono inteligente, no habl�ramos griego antiguo con la misma fluidez que �l.He recordado aquellas felices lecciones viendo La Odisea de Christopher Nolan, que me ha gustado bastante. No por esa ampulosidad narrativa suya que encandila al friqui sino por lo contrario: su humildad para reconocer que todo se hizo antes. Un artista alcanza la madurez cuando supera el adanismo que le impulsa en sus comienzos sin renunciar a lo aprendido. Nolan acomete una pel�cula-acontecimiento con la ambici�n de los cineastas previos al streaming, pero la pone al servicio de la reivindicaci�n del primer narrador de Occidente. El que invent� el arranque in medias res, los saltos en el tiempo y el espacio, la pluralidad de puntos de vista, el relato dentro del relato, el juego creativo de la memoria que borra los l�mites entre realidad y ficci�n. Todo esto ya se lo dict� la musa a un rapsoda ciego que en el siglo octavo antes de Cristo fund� la literatura occidental.Pero lo mejor del pelicul�n de Nolan, m�s all� de devolverle al cine la naturaleza propiamente espectacular del cine, es que logra apresar el esp�ritu inapresable de Ulises, fecundo en recursos. Se ha empapado de la obra original y ha estudiado sus reinterpretaciones. Por eso cuenta una historia naturalista que interpela al habitante de este siglo -tan ca�tico como cualquier otro- en el que un emperador de pelo naranja ataca Persia por causas mucho menos claras que el rapto de su esposa. Si los ayatol�s se hubieran llevado a Melania, habr�amos disculpado algo m�s el pifostio de Ormuz. Y si Nolan plantea a una Helena negra no es por militancia woke, seg�n gru�e la patrulla canina del Mediterr�neo moral; es una licencia leg�tima que realza la tesis de esta adaptaci�n: la tolerancia (trata al otro como si fuera Zeus encarnado) como base de la civilizaci�n griega a trav�s del comercio, igual que la xenofobia siempre es la premisa de la guerra.Pero esta Odisea se parece a Troya (Wolfgang Petersen) tan poco como aquel apol�neo Brad Pitt se asemeja a este complejo Matt Damon. Porque Aquiles no es Ulises. Uno es un semidi�s egoc�ntrico que no pelea hasta que la guerra le afecta personalmente, y cuando lo hace no sufre porque se sabe intocable (salvo en el tal�n, claro). El segundo es muy consciente de su vulnerabilidad, y por eso se aferra a los ardides de la raz�n. Ulises, nos dec�a el profesor, es el primer personaje moderno de la literatura. El primero dotado de psicolog�a: duda, cambia, se arrepiente, evoluciona. Mantiene una relaci�n de igualdad con Pen�lope (prodigiosa Hathaway), respeta a las fuerzas de la naturaleza, ama a su perro Argos, descree de las grandes causas que esgrimen caudillos caprichosos para conducir a los hombres a la muerte.Nolan tiene derecho a que los dioses se ausenten de su recreaci�n (Atenea-Zendaya no es m�s que la conciencia del h�roe) como lo tuvo Joyce en el Ulises. El rey de �taca sabe que los dioses no se ocultan en los hombres, pero le atormentan los muertos bajo su liderazgo. Advierte que ning�n poder sobrenatural ayudar� a los mortales que no se ayudan a s� mismos. Experimenta el estr�s postraum�tico de un veterano de Vietnam y comprende que en casa no le espera la paz que aplacar� a sus demonios interiores, pero tampoco se entrega al olvido artificial que le arranca de s� mismo. Se ata al m�stil para evitar el naufragio al pasar junto a los riscos de las sirenas, pero no renuncia a o�r el sublime canto de la nostalgia: el dulce dolor por el recuerdo de todo lo perdido.Dicen que a la pel�cula le sobra cabeza y le falta coraz�n. Que embriaga los sentidos y da que pensar, pero no conmueve. Puede ser: no es f�cil combinar brillantez, �pica e intimidad. En eso Nolan se parece a Borges, que avis� de que la muerte hace valiosos a los hombres: "Ser inmortal es balad�; menos el hombre todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte".