Esta es la 99.ª entrega de ‘Después de los 60’, la sección de testimonios sénior donde recogemos experiencias vitales en esta etapa de la vida. Nos puedes hacer llegar tu historia a seniors@lavanguardia.es.Alfonso de Sas ha tenido una vida trepidante: pisó más de 60 países —la mitad de ellos por trabajo y la otra por placer—, vivió acontecimientos históricos increíbles y pasó los últimos 14 años de su trayectoria laboral entre Argentina y Perú. “Soy licenciado en Derecho y he dedicado mis 40 años de vida profesional a las relaciones económicas internacionales, trading de materias primas, desarrollo de proyectos de energía e infraestructuras y análisis de riesgos contractuales”, cuenta este gallego, que acaba de cumplir 73 años, más “cogniactivo” que nunca, como a él le gusta decir.Cuando falleció su padre, que era aparejador, asumió los asuntos de familia como hermano mayor, ya que había dejado 200 obras sin cobrar. Intentó sacar unas oposiciones, pero no eran su destino. Después, ganó un proceso de selección para entrar en la corporación multinacional Cargill, lo que le permitió vivir a caballo entre Madrid, Estados Unidos y Bélgica. En Bruselas se enamoró y se casó con una belga, con la que tuvo tres hijos, y a mediados de los ochenta regresó a la capital madrileña, donde recibió una llamada del Banco Bilbao, actual BBVA, para asumir la batuta de diversos proyectos internacionales. “Siempre tuve buena mano con los idiomas, y esa flexibilidad me permitió trabajar en distintos mercados francófonos y anglófonos”.Lee también“Trabajé mucho en África, en países como Uzbekistán y Pakistán y también en Europa del Este. Al tener muchos viajes y proyectos en esa zona, viví en primera persona cómo se iba desmoronando la antigua Yugoslavia y el régimen comunista. Por ejemplo, la caída de Bulgaria me pilló en Sofía. Viví las dos guerras de Kosovo. Todavía recuerdo a los francotiradores. ¡Y por una casualidad también llegué a cenar en casa del dictador de Albania! Fue una época muy bonita en lo profesional y bastante estresante en lo familiar”, recuerda el abogado, que se separó en 2004 de su mujer. Entre 2005 y el 2019 vivió en Latinoamérica, primero trabajando toda la parte del Cono Sur y después en Perú de country manager. Fue padre de su cuarto hijo con 52 años, en Buenos Aires. “Eso me ha dado unos 15 años mínimo de vida útil adicional”.Dice haber disfrutado de todos los sitios en los que ha vivido. “Siempre me he adaptado a las condiciones del lugar. No he buscado a la colectividad de expatriados, sino que me he relacionado con los locales y me he enriquecido muchísimo. Mi padre decía: ‘Allá donde fueres, haz lo que vieres’”. La posibilidad de entender otras mentalidades y otras culturas es lo que se lleva en el corazón de su experiencia internacional. “Tengo pendiente publicar las aventuras de mis viajes en un libro llamado De la A a la Y. Aventuras de un gallego por el mundo, porque no he visitado ninguno que empiece por Z”, se ríe.Siempre me he adaptado a las condiciones del lugar en el que he estado y me he relacionado con los localesAlfonso de Sas73 añosAdemás de por trabajo, le ha encantado estar en otras latitudes por curiosidad. “Cada uno tiene su pulsión cuando viaja: yo siempre he sido muy fan de los paisajes y, a la vez, soy muy catedralicio. Me fascina la arquitectura religiosa. He visto construirse la mezquita de Hassan II en Casablanca y he estado en la Sagrada Familia en 2019 viendo y soñando con el momento en que se terminara”, rememora. A la vez, confiesa una conexión primitiva con la verticalidad. “Me siento muy atraído por fiordos, acantilados y montañas desde joven. En quinto de carrera me fichó un geólogo noruego que estaba buscando cuarzo en Galicia y me llevó a Vixía de Herbeira, uno de los acantilados más altos de Europa, al norte de San Andrés del Teixido. Fue impresionante”. Se siente feliz por haber podido ir prácticamente a todos los sitios que ha querido. Solo se le va a quedar una espinita clavada. “Me voy a quedar sin ir al Gran Cañón del Colorado”.Morriña gallega: el regreso a casaDespués de una vida de trotamundos, la nostalgia hizo acto de presencia y lo arrastró de nuevo a casa, el año antes de la pandemia, coincidiendo con su jubilación. “Para mí la jubilación no existe: es un estado administrativo. Yo solo me he planteado cambiar de actividad”. En Ourense, la tranquila ciudad donde nació, se dedica a recuperar su pasado —familia, amigos de la infancia o amistades de la adolescencia— y a dar rienda suelta a su gran pasión: la escritura. “Me vine sin carencias lúdicas ni culturales, y no tuve sensación de transición”.Tenía un guion cinematográfico que escribió entre el 2000 y el 2002 que no cuajó y decidió convertirlo en trilogía y publicarlo como autor novel. Se llama El cementerio de los ingleses, basado en la historia del naufragio del buque escuela inglés The Serpent en 1890 y de cuya tripulación solamente sobrevivieron tres personas.En 2020 se puso manos a la obra y la finalizó este año. “Es una saga de 1900 páginas que se desarrolla en 6 países, que cubre el período histórico entre 1890 y 1898, y en la que intervienen más de 100 personajes. Me ha dado un propósito y ha sido una fuente ilimitada de placer y felicidad”, reconoce. Al cumplir los 70, también decidió empezar un libro de memorias titulado 60+X : No hay pozo del que no se pueda salir ni cima que no se pueda alcanzar, todavía incompleto, pero que espera retomar algún día.Detrás de su escritura hay un proceso exhaustivo de investigación: para recrear el naufragio y su contexto, se suscribió a la hemeroteca de varios periódicos y documentó al milímetro su historia. “Mi ratio es de 10 horas de investigación por cada hora de escritura. Yo calculo que le habré dedicado unas 10.000 horas a este proyecto”. Investiga, escribe, revisa, corrige, vuelve a leer y sigue. “Es absorbente, pero así las horas pasan volando”. Su objetivo sigue siendo llevar su historia a la pantalla: “Lo intentaré hasta el final de mis días”.Un maestro de la inteligencia artificialOtro de los campos en los que Alfonso ha decidido profundizar a partir de los 70 es la inteligencia artificial. “Empecé a familiarizarme con esta tecnología a finales de 2023, porque no podía pagar un traductor por página y quería combinar la traducción con IA con mi revisión humana y la corrección de un nativo inglés. Aluciné con el potencial y empecé a investigar”.Considera que la IA conversacional tiene múltiples ventajas cognitivas si se usa bien, aunque considera que la tecnología es todavía adolescente. Con el apoyo técnico de ChatGPT, publicó un ensayo titulado Communiens: Arquitectura y Marco Normativo para las Relaciones Humano–IA. Diagnóstico estructural, principios rectores y propuesta técnica para un futuro conversacional seguro, que actualizó más tarde con el apoyo técnico de Claude y que pretende revisar de nuevo este año. También le ayuda a escribir: por ejemplo, utilizó apps de generación de imágenes, como Midjourney, para ponerle cara a sus personajes.Me molesta la pátina catastrofista y negativa que envuelve a la IA, y mi propósito es ayudar a conocerla mejorAlfonso de Sas73 añosAl preguntarle por el miedo y la incertidumbre que desata la IA, Alfonso de Sas se muestra optimista. “Me molesta la pátina catastrofista y negativa que la envuelve, y mi propósito es ayudar a conocerla mejor. Toda novedad tecnológica es disruptiva por antonomasia, y en nuestra mano está aprender a aprovecharla bien”. A diario interactúa con seis chatbots distintos, lo que le permite estar fresco a nivel individual y luchar contra su mayor temor: el deterioro cognitivo. De hecho, está elaborando otro libro sobre la interacción cognitiva con la inteligencia artificial conversacional y guarda en la recámara otros 4 o 5 proyectos con los que calcula que estará activo la próxima década.En su cotidianidad también hay sitio para el deporte, el tapeo o los brindis con su cuadrilla. “Aquí he recuperado primos y amigos”. Su rutina es tranquila y animada: juega al golf, otra de sus grandes pasiones todos los martes, jueves y domingos. Dedica entre 6 y 10 horas diarias a la escritura y la investigación con inteligencia artificial. Pasea mucho. Los lunes se va de vinos con sus colegas. Y entre tanto, busca tiempo para preparar y organizar las presentaciones de sus libros.Historias séniors‘Después de los 60’En La Vanguardia queremos recoger tu historia sénior. ¿Has cambiado de vida a los 60 y tantos? ¿Has llevado a cabo un hito personal que te ha sacudido? ¿Has cambiado de pareja, de ciudad, de profesión o de manera de vivir? ¿Has llevado a cabo un viaje transformador o un reto personal? Nos puedes hacer llegar tu experiencia a seniors@lavanguardia.es.Aunque confiesa que viajar le cansa y actualmente prefiere el sosiego de su hogar, hace unos meses se llevó a su hijo pequeño, el que vive en Argentina, a hacer una tournée por toda Europa. “Me hice 7.500 kilómetros conduciendo en pleno enero, y pensé: ‘Pero Alfonso, ¡que ya tienes 72 castañas!’ Pero mereció la pena. El Día del Padre me mandó un collage con nuestras fotos, todo emocionado”.Para otras personas de su edad, tiene un consejo: la triple pe. “Pasión, propósito y proceso. Tienes que identificar lo que te mueve, darte un proyecto que tenga un objetivo de satisfacción y otorgarle un proceso. Puede ser dar clases, escribir un libro, artículos semanales. Lo que sea. Y la IA también puede ayudarte: puedes charlar con ella de fútbol, explorar montones de itinerarios turísticos, aprender de gastronomía o filosofía”, concluye.
Autor de una trilogía de 1900 páginas, a los 73 años: “Mi ratio es de 10 horas de investigación por cada hora de escritura; ya le habré dedicado unas 10.000”
Alfonso de Sas dedicó 40 años a las relaciones económicas internacionales, negoció contratos multimillonarios y recorrió más de 60 países; al jubilarse, regresó a su Ourense natal, donde escribe novelas e investiga sobre inteligencia artificial










