Tiene 12 años y sueña con ser médica, pero las distancias amenazan con dejarla sin secundaria Texto de Micaela Urdinez | Enviada especial 25 de julio de 2026 MISIONES.- Si uno pone Paraje Dos de Abril en Google Maps, aparece un punto perdido en medio de una mancha verde, en lo que se podría decir es el corazón de El Soberbio. No se ven rutas, ni pueblos, ni estaciones de servicio, ni supermercados. Solo una gran extensión de selva en la que unas pocas familias viven aisladas de todo, porque para salir hay que subir y bajar picadas de tierra empinadísimas a las que ni siquiera se le animan las camionetas 4x4 cuando llueve.

Allí, en un claro entre arbustos y árboles frondosos, vive Antonela Carvallo junto a sus padres. Su casa está ubicada en una especie de valle que hace que si uno gira, se encuentra por donde mire con pequeños cerros irregulares cargados de vegetación. Pegada a la vivienda –una construcción de paredes de madera y techo de chapa– hay un gran galpón, unas vacas en un corral con un alambre eléctrico y la chacra en la que los Carvallo producen tabaco, mandioca y maíz, entre otras cosas.

Todas las mañanas, Antonela sale a las 6.30 de su casa con el guardapolvos puesto, la colita alta y su mochila multicolor a cuestas. Tiene 12 años y está en sexto grado de la escuela N° 785 del Paraje Dos de Abril. Hace unos metros hasta toparse con la casa de su primo y juntos emprenden el camino de seis kilómetros hasta la escuela, que incluye atravesar un arroyo haciendo contrapeso con su cuerpo sobre un tronco.