La evolución del mercado laboral desde la pandemia ha visto frustrarse una de las grandes esperanzas de la economía española: que una mejora de la calidad del empleo pudiera disparar la productividad y competitividad de nuestro país. España ha llevado el empleo a niveles de récord con un peso de la contratación indefinida inconcebible hace seis años, pero esto no ha tenido el efecto esperado en la evolución del PIB, que no parece beneficiarse de la mayor estabilidad de los empleos como debería. Un análisis a partir de la EPA y las estadísticas de contabilidad nacional refleja que el escenario esperado de que un incremento del empleo estable 'tira al alza' de la productividad solo se da en comercio y hostelería. En el resto no se cumple y la mayoría parece ocurrir exactamente lo contrario.El propio preámbulo del Real Decreto-ley 32/2021 justificaba el cambio legal porque la combinación de temporalidad elevada y alta rotación "impide la necesaria estabilidad para mejorar la productividad de la economía y de las empresas españolas". Según este diagnóstico, "sin estabilidad en el empleo no hay inversión real en formación". La teoría es conocida: un trabajador indefinido, con expectativas de permanencia, recibe más formación e incentivos y rinde más; un trabajador temporal no se beneficia de esa inversión y su desapego es mayor. Desde esa óptica, reducir los contratos eventuales debía traducirse, con el tiempo, en más productividad y una mejora de la competitividad de las empresas.