Editorial“Los cantos de vaquería recuerdan los cantos que antaño habían aprendido los primeros habitantes de la llanura”.Encima de su querida mula, Quirpa lleva atravesada su antigua camoruca de palo negro con la que acostumbra armar parrandas en las pulperías. Foto: Juan Herrera P.24.07.2026 05:54 Actualizado: 24.07.2026 05:54
En una noche de verano de 1864, a las afueras de Güiripa, los pobladores escuchan la llegada de dos vaqueros arreando ganado a punta de cantos de cabrestero. Entran las bestias a la posada ganadera y apaciguan los gemidos con cantos de vela que arrullan hasta a los niños curiosos de la posada. Los vaqueros son José Antonio Oquendo, de quien se dice que viene desde Palmarito o Guasdualito, apodado Quirpa, y su compañero El Guitarrero. Dirigen las reses a Caracas y necesitan un lugar de paso.Encima de su querida mula, Quirpa lleva atravesada su antigua camoruca de palo negro con la que acostumbra armar parrandas en las pulperías. Los cantos de vaquería de Quirpa recuerdan los cantos que antaño habían aprendido los primeros habitantes de la llanura para hablar con los dioses de los vientos y los ríos, el idioma arcaico con el que dominaron la sabana.En el patio trasero de la pulpería, entre los olores aromáticos del aguardiente de caña y el tabaco, Quirpa y El Guitarrero hacen sonar sus instrumentos para que el pueblo de Güiripa se entregue al joropo. Los pobladores se acercan y en medio de las trabajadoras de los hatos, una destaca, y el arpista dedica todos sus versos a la belleza que encuentra en ella.Pero la mujer está acompañada de su esposo, y este, en un arranque de celos, vuelca al suelo el aguardiente de su totuma y reta a Quirpa a un contrapunteo. Bajo la luz suave de la luna y el humo del fogón de leña se congregan los pobladores alrededor de los dos copleros y alaban las rimas incendiarias e ingeniosas de Quirpa.El esposo de la mujer no tiene el mismo éxito y es abucheado por el pueblo. La humillación es mucho para él y, al no ver victoria en sus versos, empuña su cuchillo y atraviesa las cuerdas de la camoruca, dando un golpe mortal a Quirpa. El Guitarrero corre en defensa de su compañero, pero también recibe un golpe del que apenas logra sobrevivir.Del Guitarrero no se sabe qué fue de él después de esa noche. De Quirpa, se dice que lo enterraron en Güiripa en una tumba sin nombre ya extraviada y su apodo dio vida a un golpe de joropo que todo arpista llanero está obligado a aprender.La camoruca sin cuerdas fue puesta al lomo de su querida mula, que recorrió los destapados del llano colombo-venezolano sollozando lamentos chillones mientras que el viento atravesaba el marco de madera del arpa y causaba un chillido estridente que asustaba a los moradores de los pueblos por los que se veía errar a la mula.Octavio Andrés Tejeiro Carrillo Foto:cortesía Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










