EditorialCuatro obras narrativas claves para entender y sentir la región, escritas por autores representativos de los llanos colombo-venezolanos.El Festival Joropo al Parque reunió en Bogotá a 105 artistas en su quinta versión, conquistando audiencias con la cultura llanera. Foto: Jhon Moreno23.07.2026 09:29 Actualizado: 23.07.2026 09:29

«La selva sigue siendo la misma, pero la han visto otros ojos. Y con esta nueva visión se ensanchan ante nosotros sus horizontes infinitos»., nos dice el maestro Germán Arciniegas, en su nota de presentación de la obra de González Martínez (1902-1972), que marcó un hito en la narrativa de los llanos colombo-venezolanos.Primera edición de La catira María Eucadia, cuentos de Silvia Aponte (Villavicencio, 1980). Foto:CORTESÍA«¿El hombre encuentra un güio, o es el güio el que encuentra al hombre?(...)». Este simbólico epígrafe inaugura la novela Llanura, soledad y viento, obra pionera de la literatura vernácula de nuestra región, que nos sumerge en el alma de todos los seres vivos que habitan la manigua de este territorio.Desde los ojos de quien ha vivido por siempre en ese mundo, este libro logra transgredir la,chata lógica del ser común, para adentrarnos en el diálogo de seres humanos y animales con la naturalidad y maestría de su pluma. El autor demuestra, además, un conocimiento casi absoluto de la conducta de cada ser vivo que conforma el entorno que narra, como un espejo que nos lleva al interior de esta región y, a la vez, de nosotros mismos.La catira María Eucadia, de Silvia Aponte (Cuentos, Imp. Departamental, Primera edición, 1980). Foto:cortesía«Era más que fuego fiero en sus ojos, blancura en los dientes, acre aroma de carne joven que olía a tierra y a ganado». Estas son las primeras líneas de La catira María Eucadia y también de la prolífica obra de la escritora Silvia Aponte (1938-2014), pues esta es su ópera prima, compuesta por tres cuentos premiados en el Meta, que se convirtió en la antesala de su primera novela, Las guajibiadas y de más de una veintena de obras que marcaron y difundieron el llano y su tradición, la historia, la cultura y su folclor, como nadie desde finales del siglo XX y buena parte del presente.La obra de Silvia Aponte tuvo el valor de rescatar para la historia y la literatura llanera, la oralidad, las tradiciones, los dramas y tragedias del llano infinito que fundió entre sus páginas, como su mejor legado.Esta legendaria morena de espíritu perturbador, briosa como ninguna, recorrió desde siempre con pluma empuñada, el inmenso horizonte que le bullía entre su alma, como un potro desbocado en busca de sus sueños. Así, la obra de Silvia Aponte tuvo el valor agregado de rescatar para la historia y la literatura llanera, la oralidad, las tradiciones, los dramas y tragedias del llano infinito que fundió entre sus páginas, como su mejor legado.Karanau, relatos y crónicas de Raúl Loyo Rojas (Colección Autores Nacionales, Bogotá, 1985). Foto:cortesíaComo todo en el llano, en la obra de Raúl Loyo Rojas (1904-1965) —no tan extensa pero de gran trascendencia para la historia literaria de la región—, el hombre y el paisaje son uno solo, pero a la vez, en sus semblanzas y relatos, el autor de Karanau describe y profundiza al interior de seres vivos, reales o imaginarios sobre un escenario que conoce como las líneas de su mano y que sirve de pretexto para hacernos sentir las angustias, temores y pasiones de esos personajes que cabalgan sobre los delgados hilos de sus abismos y sus certezas.Su escritura, de prosa fluida e impregnada de ciertos recursos literarios, va más allá de la simple descripción para navegar en el espíritu y los avatares de sus protagonistas, con el entorno como telón de fondo.Y para refrendar todo lo dicho, transcribo aquí la última tonada que cierra el libro, en palabras del gran Atahualpa Yupanqui: La vida es un lazo largo / tendido sobre la tierra; / en una punta una dicha, / en la otra punta una pena.Novela Llanura, soledad y viento de Manuel González Martínez, publicada en Buenos Aires (1965). Foto:cortesíaLa prolífica obra de Eduardo Mantilla Trejos (1943-2021), indaga, a través de sus vastos conocimientos y formación en los conflictos locales, nacionales y externos, sobre importantes episodios de nuestra historia, que logra construir mediante textos plasmados con magnífica destreza verbal en sus múltiples libros que, vale señalar, marcan una gran diferencia con mucha de la producción de la llaneridad local, por la rigurosidad conceptual de un estudioso inquebrantable que dejó uno de los mayores y más sólidos legados para la literatura, la historia y la cultura de la región y del país.Pore, la libertadura, es una novela histórica que inmortaliza este municipio, patrimonio histórico y cultural de la nación, por su aguerrida y protagónica participación en un periodo neurálgico de la guerra de independencia y la resistencia llanera en el periodo específico que va de 1816 a 1819. La expresión «libertadura» la tomó el autor, por su simbólico significado, del historiador Indalecio Liévano Aguirre, para construir una de las más importantes piezas literarias escritas sobre el llano.Pore, la libertadura, es una novela histórica que inmortaliza este municipio, patrimonio histórico y cultural de la nación, por su aguerrida y protagónica participación en un periodo neurálgico de la guerra de independencia y la resistencia llanera».En Eduardo Mantilla Trejos encontramos un escritor con formación universal y amplísimos conocimientos de su territorio. Sigue toda la información de Más Contenido en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.