Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.Leonardo Valencia y Sabrina Duque, entre los autores ecuatorianos que son parte de la FIL Lima 2026. Hasta el cambio de siglo, buena parte de la literatura ecuatoriana sonaba como su popular pasillo: una música de consolación, que alcanza el paroxismo de la fatalidad. Historias que mostraban tristezas, quejas y gemidos. Sin embargo, hoy suena distinto. Como alguna vez nos dijo la escritora Gabriela Alemán, la banda sonora de un nuevo Ecuador tiene que ver con la fusión. El Ecuador contemporáneo es un país cuyas familias se repartieron por el mundo, con más de un millón de migrantes que van y vienen, cuyos hijos hablan otro idioma y sus nietos, buena parte, nunca volvió a casa. Hablamos de narradores y narradoras que muchas veces no viven en su país, que dan cuenta de un país dolarizado, con una clase media que envió a estudiar a sus hijos afuera y que, al regresar, transformaron el paisaje lingüístico. “El mundo cambió. Los campesinos de “Huasipungo” (icónica novela indigenista ecuatoriana escrita por Jorge Icaza en 1934), ahora tienen bodegas en Barcelona. Los otavaleños han contratado inmigrantes y ahora son ellos los gamonales. Tú no puedes seguir instalado en algo que ya no existe”, nos explicaba Alemán. Conforme a los criterios deTipo de trabajo: Entrevista