Raquel Godos |
Villada (Palencia) (EFE).- “Irse al pueblo” e “ir de festi” son dos clásicos del verano. Huir del asfalto para buscar refugio en el campo mientras las señoras te saludan a la fresca cuando pasas por su calle; pero también comprar entradas para saltar y disfrutar con los amigos en un festival al aire libre donde crear nuevos recuerdos. Pocas cosas definen más un verano español.
Hay un lugar en Palencia donde esos dos deseos estivales convergen casi como si fuera magia en medio de una tierra, la Tierra de Campos, que lucha cada día contra la despoblación.
Villada, poco más de 800 habitantes, acoge este fin de semana del 24 y 25 de julio la quinta edición del Pipafest, un festival que reivindica su identidad rural, su vocación por tejer espacios comunes allá donde empuja el vacío y que aspira a ser una referencia cultural para todos.
En este rincón de Castilla y León, la creatividad y el amor por la tierra son los motores de un proyecto que entiende la cultura como un elemento cohesionador; un auténtico impulsor de vida, de actividad económica y orgullo por las raíces.








