Las personas acudían al chamán cuando una enfermedad, una muerte o un cambio difícil alteraba la vida del grupo y exigía una respuesta ritual. El chamán ejercía como mediador con fuerzas espirituales, dirigía ceremonias, interpretaba señales y podía recurrir a cantos, plantas, trance o curaciones según las creencias de cada comunidad.
Sus supuestos poderes procedían de la fe depositada en esas prácticas, ya que no existe una capacidad sobrenatural demostrada que permita equipararlo con un mago de ficción. Tampoco era necesariamente un hombre, porque distintas culturas asignaron ese papel a mujeres y hombres, mientras la arqueología antigua tendió durante mucho tiempo a atribuir autoridad ritual y oficios especializados al sexo masculino.
Los huesos revelaron un trabajo ligado a la orfebrería
Esa atribución tradicional acaba de quedar corregida en uno de los enterramientos más conocidos de la Edad del Bronce británica. Según The Guardian, el laboratorio de genómica antigua del Francis Crick Institute extrajo ADN del cráneo, un diente y un hueso de un dedo del pie de la persona enterrada en Upton Lovell.
Las tres muestras presentaron cromosomas XX y descartaron que los restos pertenecieran a más de un individuo, por lo que la persona descrita durante dos siglos como chamán y artesano en un enterramiento situado cerca de Stonehenge era una mujer.








