La ceremonia en la que se ha formalizado la alianza entre Ford y Geely en Almussafes ha coincidido, por casualidad o no, con la publicación de datos de ventas de vehículos que confirman el cambio en las reglas del juego del sector automovilístico. El fabricante estadounidense, que hace apenas una década era uno de los grandes dominadores del mercado europeo, abre las puertas y vende activos de una de sus fábricas históricas a un grupo chino que no solo aportará carga de trabajo, sino que ha acabado adelantándolo en ventas en Europa y que fabricará más modelos que la propia Ford en València.

La operación para compartir la fábrica de Almussafes representa una inversión de papeles. Durante décadas fueron los fabricantes occidentales quienes desembarcaban en China para enseñar procesos industriales y crear empresas conjuntas. Ahora son los grupos chinos quienes buscan capacidad productiva en Europa, tecnología industrial ya instalada y a buen precio y el sello “Made in Europe” para acelerar su expansión y cumplir con las futuras exigencias comunitarias de contenido local.

El acuerdo refleja también la diferente posición estratégica de ambos grupos. Ford llega a esta alianza tras años de un repliegue en Europa que no está claro si seguirá con nuevos pasos en el futuro si persiste la caída de las ventas. Hasta ahora, Ford ha sacrificado modelos por falta de inversión y por abultadas pérdidas, ha llegado a acuerdos para comprar o reutilizar vehículos de otros grupos (Volkswagen, Renault y ahora Geely) incluso externalizando producción y acumula una larga lista de recortes de fábricas y de empleo.