Arde estos días el Ibón de Plan, en el Pirineo aragonés, pero los expertos no se sorprenden. Hace no tanto que un incendio a 2.000 metros de altitud como este se habría considerado una rareza. Hoy no es que pase cada día, pero ya no es novedoso para ellos. El fenómeno se veía venir: ya el año pasado se batieron récords de hectáreas quemadas a más de 1.500 metros.

“El área quemada va a seguir aumentando en los próximos años si no se toman medidas, porque la intensidad de los incendios está aumentando. Las zonas en las que previsiblemente veremos mayores aumentos en el área quemada son montañosas, de gran altitud, que tradicionalmente no se quemaban porque estaban muy húmedas”, explicó al Science Media Centre (SMC) España Víctor Resco de Dios, profesor de Ingeniería Forestal y Cambio Global de la Universidad de Lleida e investigador de Agrotecnio. Y cita Pirineos, el sistema Central o la cordillera Cantábrica como ejemplos.

Esto genera varios problemas, advierten los expertos. A esas altitudes, la presencia de medios terrestres para atacar al fuego es complicada, tanto por el mero acceso, aunque existen las brigadas aerotransportadas, como por su capacidad de moverse por un terreno hostil. El acceso al agua también se complica. Y, como explica Rubén Laina, profesor de la Escuela de la Ingeniería de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), “si no hay acceso de medios terrestres no puedes gestionar el incendio”.