Actualizado Viernes,

julio

03:09Yolanda D�az afronta una intensa carrera diplom�tica en la que parte con fortalezas evidentes, pero tambi�n con importantes desventajas. La candidatura impulsada por Moncloa para poner a los mandos de la Organizaci�n Internacional del Trabajo (OIT) a la primera mujer (y primera espa�ola) en la historia de la instituci�n encara cuatro meses de complejas negociaciones y juegos de equilibrio. Construir un amplio consenso es todo un reto en un sistema de elecci�n en el que el peso de los gobiernos se contrarresta con el de empresarios y sindicatos, y donde cada voto es independiente y persigue sus propios intereses.El Gobierno oficializ� ayer una candidatura que se ven�a fraguando desde hace meses -hasta un a�o, seg�n apuntan fuentes al tanto de los movimientos que ha venido haciendo D�az entre bambalinas- y que en las �ltimas semanas hab�a despertado sonoros rumores en algunos de los principales c�rculos pol�ticos y econ�micos del panorama nacional e internacional. Finalmente, la ministra de Trabajo se presentar� a las elecciones que el organismo celebrar� en noviembre, de cara a un mandato que comenzar� en octubre de 2027.Por ahora solo hay un candidato alternativo. Y aqu� aparece precisamente el primer obst�culo para Yolanda D�az. El actual director general de la OIT, Gilbert Houngbo, ha confirmado que optar� a la reelecci�n y esta aspiraci�n del togol�s a un segundo mandato juega en contra de la espa�ola porque en organismos internacionales suele ser dif�cil derrotar a un incumbente si conserva una mayor�a suficiente, tal y como recuerdan fuentes conocedoras de los entresijos de este tipo de procesos.El propio sistema electoral convierte esta carrera en una negociaci�n mucho m�s compleja que una simple votaci�n entre Estados. El director general de la OIT es elegido por el Consejo de Administraci�n, integrado por 56 miembros: 28 representantes de los gobiernos, 14 de los sindicatos y 14 de las organizaciones empresariales. Para alcanzar la mayor�a, el respaldo de uno solo de los tres bloques resulta insuficiente, lo que obliga a buscar un consenso amplio. Adem�s, no hay una disciplina de voto com�n por bloque, sino que cada miembro vota de manera aut�noma.Este dise�o juega a favor y en contra de la vicepresidenta. Su principal activo es el prestigio internacional que ha adquirido en los �ltimos a�os entre la izquierda y en buena parte del movimiento sindical gracias a la reforma laboral pactada con los agentes sociales o su apuesta por el impulso del salario m�nimo. No obstante, la campa�a no se decidir� �nicamente por el balance de su gesti�n al frente del Ministerio de Trabajo, sino por su capacidad para convencer simult�neamente a gobiernos, sindicatos y empresarios de que puede preservar el car�cter tripartito de una organizaci�n que basa su legitimidad precisamente en el consenso entre intereses a menudo contrapuestos.Y aqu� se juega 28 votos: 14 sindicales y 14 empresariales. En casa cuenta con el apoyo de CCOO y UGT, pero los sindicatos espa�oles no votan en estas elecciones. Al menos, no directamente. Ambos participan activamente en la Confederaci�n Sindical Internacional y mantienen una estrecha relaci�n con los representantes sindicales, especialmente con los europeos y latinoamericanos, una red de contactos que puede ser �til a D�az. Aunque aparentemente podr�a tener el bloque sindical a favor, ya que algunas organizaciones han mostrado recientemente su malestar con la actual direcci�n por la p�rdida de protagonismo en la defensa de los derechos laborales, fuentes al tanto del sentir entre los representantes de los trabajadores apuntan a que algunos podr�an mantener su respaldo a Houngbo.Los otros 14 los tiene casi imposibles desde antes incluso de lanzar su candidatura. Aunque la CEOE tampoco tiene un voto directo en el Consejo de Administraci�n de la OIT, con las patronales sucede lo mismo que con los sindicatos. Los empresarios ya est�n moviendo hilos para tumbar la candidatura internacional de D�az y lo est�n haciendo sin demasiados esfuerzos, pues desde algunas de las principales organizaciones espa�olas ya avanzan el rechazo mayoritario del mundo empresarial a las "pol�ticas intervencionistas" de D�az. Todo apunta, por tanto, a que la vicepresidenta no lograr� amarrar demasiados apoyos en el bloque de los empleadores.De modo que la llave la tendr�n los gobiernos. Y este bloque est� dividido. Aqu� hay 28 votos: 10 de los miembros permanentes del Consejo de Administraci�n (Alemania, Brasil, China, Estados Unidos, Francia, India, Italia, Jap�n, Reino Unido y Rusia) y otros 18 de pa�ses elegidos para el mandato actual (la Conferencia Internacional del Trabajo los elige cada tres a�os). De partida, D�az podr�a concitar el apoyo de gobiernos socialdem�cratas o de centroizquierda europeos y de Am�rica Latina, donde aglutina un amplio respaldo. Sin embargo, la candidatura espa�ola llega en un contexto internacional menos favorable de lo que pod�a resultar hace un a�o, ya que el avance de gobiernos conservadores reducir� el margen de apoyo a D�az.Espa�a mantiene una posici�n relevante dentro de la OIT y es el pa�s que ha ratificado un mayor n�mero de convenios de la organizaci�n, un argumento que juega a favor y que previsiblemente el Ejecutivo utilizar� en su ofensiva diplom�tica para recabar votos. Sin embargo, la elecci�n suele estar muy condicionada por equilibrios geogr�ficos, alianzas regionales y negociaciones multilaterales que trascienden el perfil de cada candidato. Y adem�s, Espa�a tendr� que repartir su capital diplom�tico, siendo este otro de los principales obst�culos en la candidatura de D�az, ya que el Gobierno de Pedro S�nchez est� desplegando al mismo tiempo una ofensiva para situar a espa�oles en tres de las instituciones econ�micas internacionales m�s relevantes: una de Naciones Unidas centrada en el trabajo (OIT), otra en alimentaci�n (FAO, donde es candidato el ministro Luis Planas) y la principal autoridad monetaria de la eurozona (BCE, al que aspira Pablo Hern�ndez de Cos, director general del Banco de Pagos Internacionales y exgobernador del Banco de Espa�a).