EditorialLa ministra de Trabajo y vicepresidenta, Yolanda D�az.EFEActualizado Viernes,
julio
01:06Audio generado con IALa candidatura de Yolanda D�az para dirigir la Organizaci�n Internacional del Trabajo (OIT) tiene una lectura pol�tica dif�cil de ignorar: la vicepresidenta busca una salida personal cuando el espacio construido en torno a su liderazgo se encuentra en plena descomposici�n y ha dejado de existir como proyecto aut�nomo a la izquierda del PSOE. Una izquierda que, entre otras cosas, emergi� prometiendo luchar contra la perpetuaci�n de los pol�ticos en los cargos p�blicos.Sumar naci� como una operaci�n electoral funcional para Pedro S�nchez y ha terminado absorbido por �l. D�az renunci� a repetir como candidata, perdi� autoridad sobre su grupo parlamentario y contempla ahora c�mo su partido se fragmenta entre dimisiones, luchas internas y siglas sin rumbo. Su carrera hacia la OIT aparece as� como la consecuencia personal de un fracaso colectivo: mientras la extrema izquierda desaparece como espacio propio, su principal rostro intenta asegurarse una trayectoria profesional fuera de Espa�a.El movimiento, anunciado por el presidente, posee una dimensi�n institucional innegable: Yolanda D�az ser�a la primera mujer y la primera espa�ola al frente de la OIT. Sin embargo, la candidatura parte cuesta arriba. D�az cuenta con prestigio entre los sindicatos y sectores de la izquierda internacional, pero el organismo se sostiene sobre un delicado equilibrio tripartito. Para ser elegida necesita convencer tambi�n a empresarios y gobiernos. Las patronales rechazan su intervencionismo, el avance conservador reduce su margen diplom�tico y el actual director general, Gilbert Houngbo, aspira a la reelecci�n con la ventaja de ocupar ya el cargo. El Gobierno deber� emplear, adem�s, un capital negociador limitado mientras impulsa candidaturas espa�olas para la FAO y el BCE.Moncloa presenta como una apuesta de pa�s una operaci�n que, a su vez, ofrece una salida honorable a una dirigente amortizada. Tras pretender reorganizar a la izquierda y fallar en el empe�o, la candidatura de la vicepresidenta y ministra de Trabajo retrata hasta qu� punto S�nchez ha devorado a sus socios.













