El actual sistema de pensiones en Espa�a exige un mayor esfuerzo y significa una gran carga sobre los trabajadores en activo y las generaciones j�venes.Parece que la mayor parte de la poblaci�n espa�ola es bastante consciente de que la quiebra t�cnica en la que se encuentra nuestro sistema de pensiones es uno de los problemas m�s graves a los que deber� enfrentarse el pa�s en el medio y largo plazo. La raz�n es f�cil de entender. Un sistema basado en el principio de reparto, en el que las pensiones se pagan con losingresos por cotizaciones de los trabajadores en activo, se enfrenta a una situaci�n dif�cil cuando cambia la estructura de la pir�mide de la poblaci�n. Y la ratio pensionistas/cotizantes ha crecido -y sigue haci�ndolo- de forma r�pida. Solo algunos datos que ilustran las diferencias que existen entre la situaci�n actual y la que exist�a en 1986. En aquel a�o el n�mero de personas mayores de 65 a�os en Espa�a era de 4,7 millones, lo que supon�a el 12,2% de la poblaci�n total. Hoy el n�mero ha ascendido a 9,7 millones, superando la cifra del 20% de la poblaci�n. El resultado es que el pago de las pensiones exige cada vez mayores aportaciones de los presupuestos del Estado. Es decir, no basta con las cotizaciones de los trabajadores en activo; y los contribuyentes ven como una parte creciente de sus impuestos se dedica al pago de pensiones.El problema se agrava si consideramos que la pol�tica del Estado espa�ol con los pensionistas es muy generosa, tanto en lo que se refiere a las cuant�as percibidas por los beneficiarios en relaci�n con las cotizaciones que realizaron como trabajadores activos, como en las subidas que se han venido aplicando a las pensiones en los �ltimos a�os. Y esta generosidad se manifiesta especialmente con quienes perciben pensiones bajas. No quiero decir, desde luego, que estos reciban mucho dinero. No es as�. Pero los datos muestran claramente que las prestaciones son muy favorables para las cotizaciones que han realizado a lo largo de sus vidas. S�lo mediante transferencias de otros grupos sociales -pensionistas de nivel m�s alto y, sobre todo, contribuyentes de las generaciones posteriores- es posible mantener estos pagos. Y, en un pa�s en el que los salarios reales han experimentado tasas de crecimiento bastante reducidas durante mucho tiempo esto significa que, en t�rminos comparativos, la posici�n de los trabajadores se ha deteriorado en relaci�n con la de los pensionistas.Este fen�meno ocurre en un marco macroecon�mico complicado, caracterizado por un fuerte crecimiento del gasto p�blico y una deuda superior al cien por ciento del PIB, a pesar de la notable subida que ha experimentado la presi�n fiscal en los �ltimos a�os.Aunque se acepte, en t�rminos generales, que el fuerte aumento de los pagos por pensiones tiene efectos negativos sobre la estabilidad del sistema y las cargas crecientes que soportan los trabajadores espa�oles en activo, tales subidas se justifican con argumentos de justicia social. Se dice que las personas mayores hemos trabajado mucho a lo largo de nuestras vidas y tenemos derecho a una buena pensi�n para pasar una vejez tranquila. Nada m�s justo, sin duda. El problema es que alguien va a tener que pagar la factura. Y este alguien son las generaciones m�s j�venes, que manifiestan un creciente pesimismo con respecto a su futuro. Por una parte, porque a una situaci�n financiera ya dif�cil se suma el problema de la vivienda, que sigue deterior�ndose en Espa�a y afecta a los j�venes en un grado mucho mayor que a las personas de mayor edad.Por otra, porque aquellos tendr�n que pagar la deuda p�blica que estamos emitiendo ahora; y deber�n financiar tambi�n con sus impuestos el d�ficit del sistema de pensiones.Lo que nos muestran las encuestas de opini�n es que la mayor�a de los j�venes espa�oles, con buen sentido, son conscientes de que, aunque van a pagar cotizaciones e impuestos elevados, no tienen garant�a alguna de que vayan a poder cobrar una buena pensi�n cuando llegue el momento de su jubilaci�n.Podemos entonar todos los cantos que queramos a la solidaridad intergeneracional. Pero lo cierto es que existe un conflicto de intereses entre quienes tienen una larga vida laboral por delante y quienes estamos ya retirados. Y me parece que son los j�venes los que est�n perdiendo la batalla. Este evidente choque de intereses presenta, a veces, rasgos pintorescos. He o�do, por ejemplo, a alg�n jubilado reclamar una pensi�n m�s alta con el argumento de que, como su hijo estaba en paro, de sus ingresos viv�an no s�lo �l y su mujer, sino tambi�n ese hijo y hasta alg�n nieto. Esto es real en la Espa�a de hoy. Pero es absurdo. Las pensiones no est�n dise�adas para que el jubilado mantenga a sus descendientes.�No ser�a mejor que ofreci�ramos a las nuevas generaciones un futuro m�s prometedor, permiti�ndoles trabajar y sacar adelante sus negocios sin las trabas fiscales y administrativas que hoy existen? Es cierto que los pensionistas somos muchos; y cada vez m�s... Pero, por favor, no sigamos perjudicando a los j�venes para ganar votos en unas elecciones.Francisco Cabrillo es catedr�tico em�rito de Econom�a de la Universidad Complutense. Fundaci�n Civismo.