0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialEn apenas unos días se han acumulado varios incidentes de gran impacto en obras públicas. En el barrio barcelonés del Putxet un profundo socavón originado por las obras del metro de la L9 obligó a desalojar varias viviendas y mantiene a diversas familias alejadas de sus hogares. En el barrio de Vallbona otro hundimiento de grandes dimensiones, provocado por las obras de soterramiento del tren en la localidad colindante de Montcada i Reixac, engulló una gran grúa y obligó a suspender la circulación de varias líneas de Rodalies (R2, R2 Nord y R11), con miles de viajeros afectados. Aquí llueve sobre mojado. Y, más recientemente, la noche del miércoles, un importante escape de gas en las obras de la estación de metro de Plaça de Sants (L5) provocó un incendio durante doce horas, ocho heridos y mucha inquietud vecinal. Los técnicos dijeron que dejar quemar el gas era la forma más segura de afrontar el siniestro, pero las enormes llamaradas, visibles desde todo el barrio, tuvieron en vilo a los vecinos.Cada uno de los episodios citados puede tener, y seguramente tendrá, una explicación técnica distinta. Las investigaciones determinarán las causas y las responsabilidades que correspondan. Las administraciones sostienen que se trata de sucesos puntuales que han coincidido en el tiempo y que no evidencian un problema estructural en la ejecución de las obras. Pero también es cierto que, desde la perspectiva del ciudadano, la repetición de incidentes similares suscita inevitablemente una sensación de inseguridad.La confianza pública no se construye únicamente con explicaciones posteriores. Se fundamenta, sobre todo, en la percepción de que quienes planifican y ejecutan estas actuaciones han previsto todos los riesgos razonables y han adoptado las máximas garantías para evitarlos. Cuando los socavones aparecen bajo edificios habitados, cuando se interrumpe reiteradamente el servicio ferroviario o cuando una fuga de gas obliga a movilizar un amplio dispositivo de emergencia, es lógico que la población se pregunte si los estudios y controles preventivos han sido los suficientes. Y lo que es igualmente importante: si en el resto de obras que se llevan a cabo en Barcelona, que son muy numerosas, así como en el resto del territorio catalán, se efectúan las prospecciones necesarias y se adoptan las medidas de control adecuadas.Los últimos accidentes en Barcelona crean un clima de desconfianza en la ejecución de los proyectosCatalunya necesita ampliar el metro, modernizar Rodalies, renovar redes de servicios y ejecutar proyectos que durante demasiado tiempo han permanecido pendientes. Sin embargo, tan importante como construir es hacerlo bien, con seguridad y con la máxima capacidad de prevención de riesgos.Construir infraestructuras en ciudades consolidadas, además, constituye una de las tareas de ingeniería más complejas que existen. El subsuelo de Barcelona es un entramado de túneles, conducciones de agua, luz y gas, galerías de servicios, cimentaciones y capas geológicas muy diversas. Trabajar a decenas de metros de profundidad exige tecnologías avanzadas, estudios geotécnicos extremadamente precisos y sistemas permanentes de monitorización. El riesgo cero probablemente no exista, pero sí existe la obligación de reducirlo al mínimo.Hay que investigar qué ha fallado en cada incidente, pero también hay que preguntarse si los protocolos actuales continúan siendo suficientes para afrontar obras cada vez más complejas y si efectivamente se realizan todos los estudios previos necesarios. También es importante revisar si la coordinación entre administraciones, empresas constructoras, direcciones facultativas y compañías suministradoras funciona con la eficacia exigible. Asimismo, en este marco, cabe preguntarse si los sistemas de inspección y auditoría independiente son suficientemente rigurosos. Los ciudadanos tienen derecho a saberlo y, sobre todo, tienen derecho a vivir con la máxima seguridad posible, sobre todo cuando se hacen obras cerca o debajo de sus casas.Dos grandes socavones, una fuga de gas y cortes en Rodalies en pocos días son un síntoma de que algo fallaLo mismo sucede con las obras de mejora de Rodalies. Durante este año la red ferroviaria ha sufrido una sucesión de incidencias de distinta naturaleza —averías, problemas de infraestructura, efectos de temporales y accidentes ferroviarios, como el grave siniestro de Gelida— que han contribuido a una percepción de crisis del sistema. Quizás en un futuro las cosas mejoren, pero mientras la inseguridad y las molestias para los usuarios son muy grandes.Hay que exigir, en suma, una mayor responsabilidad en la planificación y ejecución de las obras, con los necesarios trabajos de prospectiva sobre el terreno que hagan falta. Los retrasos son tan elevados que no importa que las obras se alarguen un poco más si es para ganar en seguridad.