Estamos aprendiendo mucho con el caso Plus Ultra. Las últimas revelaciones de Julio Martínez Martínez me han hecho reflexionar sobre la amistad. Resulta chocante oír a los periodistas definirle como amigo de Zapatero, y a continuación escuchar cómo lo ha delatado ante el juez. Aristóteles dejó escrito que “los que se quieren por interés no se quieren por sí mismos, sino en la medida en que se benefician algo los unos de los otros”. Llamar amigo a Julito nos confunde, pero “correveidile” tampoco lo veo solución.
El verdadero desorden conceptual, no obstante, se ha generado en torno a la influencia de las empresas privadas en la gestión pública. Hay todo un sector de negocio dedicado a ello. En algunos países, y en Bruselas, tienen la suerte de que está regulado. En España se propuso establecer un registro de lobbies por primera vez en 2013 pero, qué lástima, los partidos que nos han convencido de que no tienen nada en común, se han puesto de acuerdo en que España no legisle sobre el lobby. Ahí seguimos.













