0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialMe encontré con un anuncio en redes sociales que prometía “una abuela de confianza para acompañar a tu familia”. El mensaje apelaba a la ternura, a la experiencia y a la cercanía que asociamos con muchas personas mayores. Tras la primera impresión amable, sentí sorpresa. El problema no es que existan personas mayores dispuestas a compartir su tiempo con otras familias, sino la tendencia a convertir la figura de los abuelos en un recurso utilitario, disponible según convenga.Los abuelos son para muchas familias una red que sostiene lo que las instituciones no garantizan: recogen a los niños en la escuela, los llevan a actividades extraescolares, cocinan para ellos, aunque, con demasiada frecuencia, son tratados como un pañuelo­ de usar y tirar, olvidados cuando no cumplen una función concreta. Getty ImagesEn muchas sociedades occidentales, la vejez se contempla como una etapa incómoda que conviene esconder. La experiencia ya no parece otorgar prestigio; el conocimiento acumulado durante décadas vale menos que la inmediatez de una búsqueda en internet.Si miramos hacia Japón, por ejemplo, descubrimos otra forma de entender la relación con las personas mayores. Aunque también existen los problemas del envejecimiento demográfico y de la soledad, persiste una cultura del respeto hacia los ancianos. La celebración del Keirō no Hi, el día del Respeto a los Mayores, simboliza la convicción de que quienes han vivido más poseen una experiencia valiosa para la comunidad. Los abuelos son depositarios de la memoria colectiva, referentes morales y figuras dignas de consideración.Los abuelos son depositarios de la memoria colectiva y referentes moralesTuve la suerte de crecer rodeada de personas mayores que me dieron afecto y una forma de mirar el mundo. Me enseñaron que la paciencia puede ser más poderosa que la prisa, que escuchar es tan importante como hablar, que la sabiduría a menudo es fruto de la experiencia vivida.En una sociedad obsesionada con la eficacia, los abuelos muchas veces nos recuerdan el valor de lo gratuito: una conversación que nunca olvidaremos, una sobremesa en la que sentimos­ detenerse el tiempo, un consejo valioso, pero sobre todo esa incondicionalidad maravillosa que encontramos en quienes han aprendido a amar.