En España, el 12,8% de los dos millones y medio de hogares conviven con al menos una persona dependiente, una cifra que subraya la creciente necesidad de cuidados. Esta realidad a menudo implica que la responsabilidad recaiga en familiares que deben contratar a una persona que ayude al cuidado de un adulto mayor. A pesar del inmenso valor social y afectivo que aportan, profesiones como la de auxiliar de ayuda a domicilio están frecuentemente envueltas en estereotipos y una comprensión errónea de su verdadero trabajo. María Adame, auxiliar y creadora de contenido, aclaró los tantos en un video que se hizo viral en las redes sociales. El descargo que relata María no es un hecho aislado, sino una práctica que, según ella, "se repite muchísimo y lo peor, se está normalizando". El caso específico involucra a una auxiliar que, al llegar al domicilio asignado, encuentra que el usuario le pide que haga tareas de limpieza. "Hoy vengo a contestar este comentario que se merece un video, dice que si somos limpiadoras, que limpiamos el baño, la cocina, que tenemos que ir a la farmacia, al médico, a dar paseos y que nos dan una bata y nos creemos médicos".María Adame enfatiza: "Aquí no estamos entendiendo nada. Si la persona usuaria no está, el servicio no se da y esto no lo digo yo, lo dice la Ley 39/2006", refiriéndose a la normativa que rige el sistema.Una vez en el domicilio, la madre del usuario comenzó a impartirle órdenes, solicitándole limpiar la casa por completo, incluyendo las habitaciones de los padres y de un hermano conviviente. María aclara: "Claro que sí limpiamos el baño si se usa, claro que sí limpiamos la cocina si se utiliza, claro que sí si se hace la cama. Eso se llama limpieza funcional y está recogida en la normativa. Lo que no está recogido es limpiar la casa entera, hacer limpieza profunda o ir porque toca. Ni convertirnos en la solución para todo".Para María, estas circunstancias trascienden el mero malentendido, constituyendo "humillación" y "abuso" que "no se puede permitir". Atribuye la persistencia de estas prácticas a la explotación de la necesidad, el temor a perder el empleo.Adame enfatiza la trascendencia de su labor: "Muchos usuarios si nosotras no estuviéramos no podrían seguir viviendo en sus casas, estarían en residencias, internados o directamente estarían abandonados".Dirigiéndose a sus colegas, María lanza una clara llamada a la acción: "No se trata de enfrentarse a nadie, se trata de poner límites. Poner límites también es cuidar", concluye."Si una persona quiere a alguien que le limpie toda la casa, que haga recados ilimitados y esté disponible para todo, eso no es ayuda a domicilio, eso es otro servicio y se llamará de otra manera"."Nosotras entramos cada día en casas ajenas, cargamos cuerpos, emociones y responsabilidades y aún así, tenemos que escuchar desprecios. El problema no es que pidamos respeto, el problema es que durante años se acostumbraron a que no lo pidiéramos y eso se acabó", concluye.
María, cuidadora a domicilio: "No somos limpiadoras, no somos chicas para todo, no somos familia sustituta"
María, cuiadora de adultos mayores a domicilio, desmiente los estereotipos de su profesión.







