El autor brit�nico Edward Gibbon asemeja las causas del fin del Imperio Romano con la decadencia brit�nica del siglo XVIII. Fue capaz de conectar el pasado con la modernidad y crear un paralelismo entre los dos imperios.Si hici�ramos una encuesta sobre qu� acontecimientos han sido los m�s influyentes de la historia universal, la ca�da del imperio romano ser�a uno de los m�s citados. La fascinaci�n por su terrible decadencia y su estrepitosa ca�da responde a la gran pregunta de por qu� las sociedades crecen, llegan a su edad de oro y caen.En Espa�a, la pregunta por la decadencia del imperio se convirti� en una aut�ntica obsesi�n durante muchos siglos, que los literatos refrendaron con su poes�a, como el inicio del Salmo XVII de Francisco de Quevedo: "Mire los muros de la patria m�a / si un tiempo fuertes, ya desmoronados". Todas las sociedades que han conquistado una edad de oro -como la Atenas de Pericles, la Florencia de los M�dicis, el Lisboa de los conquistadores, el Madrid de los Austria, el �msterdam de Rembrandt, el Londres victoriano o la Viena de fin de siglo- han sentido una atracci�n irresistible, una especie de v�rtigo por las depresiones, los declives y las decadencias.Uno de los frutos m�s tangibles de esta obsesi�n es el cl�sico de Edward Gibbon, Historia de la Decadencia y Ca�da del Imperio Romano (1776). Este fue el primer libro de historia que lleg� a ser un bestseller. La clave de su �xito es la indagaci�n sobre la causa de la nost�lgica decadencia de los grandes imperios y las edades de oro. Muchos de mis lectores estar�n familiarizados con los chorros de tinta que levant� en Espa�a la p�rdida de las �ltimas colonias en el 98, que se vio como un epifen�meno de algo que se ven�a arrastrando durante siglos. De aquella �poca son tambi�n otros libros hist�ricos memorables comoLa decadencia de Occidente (1918), de Oswald Spengler, y Estudio de la historia (1933), de Arnold Toynbee, que indagaba el porqu� de los vaivenes de los imperios. Ambos generaron un enorme inter�s en la Europa de entreguerras. Qu� tiempos aquellos en los que estas voluminosas publicaciones suscitaban tanto inter�s entre los lectores.�Qu� tiene el libro de Gibbon tuvo tanto �xito en su tiempo y que ha entrado simult�neamente en el pante�n de los cl�sicos de la historia y la literatura? Su obra imperecedera re�ne cuatro cualidades que explican esta perdurabilidad: la relevancia universal de su tema, la ca�da del Imperio romano; la extraordinaria erudici�n de su investigaci�n, que cobra tintes de epopeya si consideramos la escasa cultura de archivo que hab�a en su �poca; la brillante prosa, una verdadera joya literaria adem�s de hist�rica; y la cualidad del autor como fil�sofo de la historia, que le lleva a hacerse preguntas universales sobre los temas espec�ficos que va tratando. Desde que le� a Gibbon, siempre que leo un libro de historia me pregunto por estas cuatro cuestiones y pienso que, en buena medida, el fracaso de los historiadores frente a los novelistas en t�rminos de ventas es que nos faltan algunas de esas cualidades (�o todas ellas al mismo tiempo!).Gibbon encontr� un fascinante t�rmino medio entre la figura del erudito t�pico del Renacimiento, como Francesco Guicciardini, y el fil�sofo de la historia t�pico de la Ilustraci�n, como Voltaire, D'Alembert y Condorcet. Arnaldo Momigliano, uno de los grandes cr�ticos hist�ricos de siempre, resumi� su polivalencia con esta f�rmula: "Uno disfruta de la fiabilidad [de Gibbon], pero siente que hay vida detr�s de las pruebas".Otro gran historiador de la antig�edad, J. B. Bury, argumentaba que Gibbon es uno de esos pocos escritores que ocupan un lugar tan destacado en la literatura como en el de la historia, alcanzando la altura de Tuc�dides y T�cito. Gibbon demuestra que la precisi�n de los datos y la brillantez del estilo son perfectamente compatibles en un historiador, y este deber�a ser nuestro m�ximo objetivo. Adem�s, Historia de la Decadencia y Ca�da del Imperio Romano es un arquetipo de obra hist�rico-filos�fica, como lo fue La ciudad de Dios de san Agust�n en la antig�edad o Metahistoria de Hayden White en la postmodernidad.Efecto de contemporaneidadLa publicaci�n tiene otra cualidad de la que deber�amos aprender todos los historiadores: es capaz de conectar el pasado que est� estudiando con el presente que est� experimentando. Eso hace m�s apasionante su lectura. Como reconoci� en su autobiograf�a, mientras prestaba servicio en el ej�rcito, "la disciplina y la evoluci�n de un batall�n moderno [ingl�s contempor�neo] me dieron una noci�n m�s clara de la falange [de la Antigua Roma] y de la legi�n, y el capit�n de los Granaderos de Hampshire no ha sido in�til para el historiador del Imperio Romano".Gran parte del encanto del libro reside en su referencia simult�nea y sincr�nica al pasado y al presente, algo as� como un efecto de contemporaneidad. Establece un paralelismo impl�cito entre dos imperios en declive, el antiguo romano y el moderno brit�nico, que hab�an sufrido derrotas rotundas en la �poca de Gibbon. Estas ca�das, junto con una percepci�n negativa de la Administraci�n brit�nica de la �poca, hab�an convencido finalmente a la opini�n p�blica brit�nica de la decadencia de su imperio. Gibbon argumentaba que Roma hab�a perdido sus m�s altas virtudes tras la dinast�a Antonina y que la corrupci�n entre los gobernantes se estaba afianzando, lo que sus lectores ve�an como una analog�a con la �poca actual.La decadencia y ca�da juzga la historia romana seg�n los ideales ilustrados del agnosticismo, el escepticismo y el racionalismo: esta es otra prueba de su conexi�n con el presente, lo que hace honor a la m�xima de Benedetto Croce de que toda historia es historia contempor�nea.Jaume Aurell es catedr�tico de Historia Medieval de la Universidad de Navarra.
Edward Gibbon y el eterno retorno de la ca�da de Roma
Si hici�ramos una encuesta sobre qu� acontecimientos han sido los m�s influyentes de la historia universal, la ca�da del imperio romano ser�a uno de los m�s citados. La...







