"Buscas a Roma en Roma, ¡oh peregrino!, y en Roma misma a Roma no la hallas", decía Quevedo para hablar de la caída del imperio romano, y consigo la de la hegemonía de la cultura clásica.Estos versos que el poeta dedicó a la caída de la Ciudad Eterna resuenan hoy como un eco extraño en las calles de Times Square y el paseo de la fama de Los Ángeles. Estados Unidos, ese titán que durante el siglo XX exportó el 'estilo de vida americano' como una religión universal, cumple 250 años en medio de un enfrentamiento contra su propio ego. Los datos dicen que ya no es indiscutiblemente el faro del mundo, es más una torre inclinada por la marea de la fragmentación global. La pérdida de la identidad que vivió Roma es lo que le sucede a Estados Unidos a las puertas de su aniversario.El fin de la 'Pax Hollywoodiana'Generaciones enteras se criaron en el idioma de Disney y Spielberg. En 2004, Hollywood controlaba el 92% de la taquilla mundial. Hoy, esa cifra se ha reducido al 66%. El mayor escaparate de la cultura americana lleva años en caída.Un ejemplo está en China, que pasó de ser su mejor mercado a su competidor más feroz. El país asiático ha decidido que prefiere sus propios mitos. En 2024, la cuota de mercado de Hollywood en el gigante asiático se desplomó al 21% frente al 40% prepandemia. Mientras tanto, el fenómeno local Ne Zha 2 rompía moldes al recaudar más de 2.000 millones de dólares, convirtiéndose en la primera producción no estadounidense en asaltar el 'top 10' histórico de recaudación. El cine americano ha pasado de ser el plato único a una opción más en un menú globalizado. Ante esta situación, los grandes estudios han recortado su producción de 112 estrenos de media entre 1995 y 2009 anuales a apenas 78 en 2025."Ahora Hollywood está en franca decadencia", sostiene el periodista y escritor Guillermo Fesser, español residente en EE UU desde 2002 y analista de la actualidad norteamericana en El Intermedio, señalando que la industria ha quedado reducida a superproducciones o contenidos muy pequeños, mientras el cine intermedio prácticamente ha desaparecido.Tal y como apunta, esta erosión se aceleró con la irrupción de las plataformas. Según el último informe de Netflix publicado en enero de 2026, durante la segunda mitad de 2025 los títulos de habla no inglesa representaron más de un tercio del consumo total. El trono de la película más vista fue para la producción coreana Las guerreras del K-Pop, confirmando que el éxito de El Juego del Calamar no fue un espejismo, sino un cambio de paradigma. Incluso dentro de sus fronteras, el consumo de contenido en otros idiomas entre los estadounidenses ha crecido un 71% desde 2019.Este cambio no es casual. Como explica Fesser, "la idea de que el público estadounidense no aceptaba subtítulos se ha derrumbado con las plataformas". Según señala, la irrupción de estos servicios ha demostrado que "la gente sí quiere ver historias de otros países", rompiendo el monopolio cultural en el país.Uno de los síntomas más agudos de esta caída cultural es el autocanibalismo de la industria. Producciones como The Boys, The White Lotus, y clásicos como South Park o Los Simpson hacen sátira del propio declive americano. Casi podría decirse que cuando el imperio empieza a reírse de sus propios mitos es porque ya no puede creer en ellos.Además, Fesser añade que este cambio tiene consecuencias más profundas: "Antes el cine hacía que jóvenes de todo el mundo quisieran ir a Nueva York o Los Ángeles. Ahora ese atractivo se está perdiendo".Cambio en la banda sonora globalSi el cine es el rostro de la cultura, la música era el mensaje. En tres años, la música en inglés en las listas globales ha caído del 67% al 55%. El informe anual de la plataforma Spotify certifica esta fragmentación: el "Top 50 Global" incluyó canciones en 16 idiomas distintos, el doble que en 2020."El talento ya no necesita pasar por Estados Unidos para triunfar", apunta el escritor, que subraya cómo la globalización cultural ha roto ese centro de validación que era EEUU.Que Bad Bunny sea el artista más escuchado del planeta no es una anomalía. Es el síntoma de que el 'sueño americano' ya no necesita ser traducido al inglés para ser realidad. Y su apoteósica actuación en la Superbowl, el escaparate más importante para un cantante, así lo demuestra. El mundo ya no quiere una sola banda sonora, quiere una mezcla de identidades.La kriptonita de Superman es un pirata japonésEl relevo cultural también trastoca a grandes símbolos. Superman, el estandarte del orden y la justicia americana, ha sido superado en ventas por One Piece, un manga de piratas en busca de la libertad. La revista japonesa Oricon confirmó, el pasado 3 de marzo, que las aventuras de Luffy y su tripulación han superado las 600 millones de copias, batiendo las estimaciones históricas del héroe de DC Comics.Y no es solo cuestión de mercado. Además, su relevancia cultural crece a niveles vertiginosos: las imágenes de las banderas de los Sombrero de Paja hondeando en protestas actuales han dado la vuelta al mundo.Descenso del turismoEn el año de su 250 aniversario, con la Copa del Mundo en el horizonte y el centenario de la Ruta 66, se esperaba un aluvión de visitantes. Sin embargo, la realidad ha golpeado las terminales: el primer mes de 2026 registró una caída del 4,8% en viajes internacionales entrantes. Según datos analizados por el New York Times, el país ha perdido el flujo de casi 11 millones de turistas anuales, mientras que el turismo mundial crece a un buen ritmo.Según palabras de Erik Hansen, vicepresidente sénior de la Asociación de Viajes del país, "Estados Unidos es el único destino importante del mundo que registra un descenso en el gasto de los visitantes internacionales".La tierra de las oportunidades ha cambiado en la retina global: las principales avenidas asoladas por la crisis de los opiáceos, tiroteos, erosión social, violencia en las calles... Estas imágenes han cambiado el imaginario colectivo de seguridad y éxito, convirtiendo el antiguo paseo de las estrellas en un recordatorio de la decadencia social."El dinero se ha ido a los Elon Musk y no ha llegado al trabajador", explica Fesser, señalando cómo esa desigualdad se ha hecho visible en el exterior: "Hay un montón de homeless en todas las ciudades, y eso se ve por televisión y la gente se pregunta qué está pasando".Esa imagen impacta directamente en el prestigio del país y, por extensión, en su turismo. A ello se suma un clima político que tampoco ayuda: "La imagen de deportaciones de inmigrantes o de estudiantes que pueden tener problemas por sus opiniones no invita precisamente a venir".Según el escritor, esto no se trata de hechos aislados, sino del resultado de que Estados Unidos es un "ensayo fallido": "Este país ha apostado por el individuo como si fuera un casino, donde puedes entrar y ganar, pero la mayoría pierde".La consecuencia es un cambio de percepción global, no solo a la hora de elegir un sitio para visitar, también apara vivir. "Hay otros lugares que ofrecen una vida más tranquila, más digna y más apetecible", concluye, poniendo en cuestión la histórica capacidad de atracción de Estados Unidos.El declive del prestigio de las universidadesEl informe de poder blando de 2026 de Brand Finance afirma que, aunque EEUU mantiene el primer puesto, es la nación que registra la caída de influencia más pronunciada. El liderazgo académico, antes incuestionable, se agrieta. El ranking de Times Higher Education 2026 muestra que, si bien algunas instituciones resisten, 62 universidades estadounidenses han retrocedido. Nombres como Chicago (puesto 15), Columbia (20) o Duke (28) han caído a sus mínimos históricos.Estados Unidos conserva una presencia dominante en la élite académica mundial: 102 universidades figuran todavía entre las 500 mejores del mundo. Sin embargo, incluso este dato, que en otro tiempo habría confirmado su supremacía, encierra una señal de cambio. Se trata de la cifra más baja registrada nunca.Este deterioro también afecta a su capacidad de atracción de talento extranjero. Como señala Fesser, a este desprestigio parcial se le suma el coste de las universidades, que puede alcanzar los 70.000 dólares anuales y está haciendo que muchas familias internacionales se replanteen enviar a sus hijos. "Si quieres mandar a tu hija desde Barcelona a estudiar a Boston, te lo piensas", resume.Un país que aún se cree el centro del mundoA pesar de todos estos indicadores, existe una paradoja, parece que Estados Unidos no ha terminado de asumir su propio declive. "El imaginario colectivo no ha cambiado tanto", explica Fesser. Según su experiencia, gran parte de la población sigue percibiendo el país como la "meca del universo", convencida de que el resto del mundo continúa mirando hacia él. Esta desconexión se explica, en parte, porque "muy poca gente sale del país", lo que limita su percepción del exterior.El contraste puede ser radical. Fesser relata el caso de un joven estadounidense, amigo de su hijo, que viajó recientemente a China esperando encontrar un país atrasado y regresó con la sensación contraria. Había "viajado al futuro" y descubierto que su propio país estaba más rezagado de lo que pensaba.La consecuencia es una disonancia cada vez mayor entre percepción y realidad. Mientras el mundo se fragmenta y diversifica, mucha gente en Estados Unidos sigue viéndose a sí misma como el centro, "aunque ya no lo sea", explica.A pesar de esta pérdida de atractivo cultural, el país mantiene una base estructural que explica tanto su pasado como su posible resurgir. "Estados Unidos tiene un potencial todavía increíble por su diversidad, a pesar de que Trump se la quiere cargar", sostiene el periodista, que insiste en que esa mezcla de culturas ha sido siempre el verdadero motor de su hegemonía."Aquí tienes a gente que no comparte referencias básicas, que viene de contextos completamente distintos, y eso genera ideas que en otros sitios no salen", explica. Frente a sociedades más homogéneas, esa pluralidad ha permitido históricamente una capacidad de innovación única. Sin embargo, advierte de que ese modelo está en riesgo. A ello se suma una crisis de liderazgo en el país y desafección política que agrava la situación."Hay una desconexión enorme entre quienes dirigen el país y la gente joven", señala, alertando de que sin una renovación política que entienda esa diversidad como fortaleza, "el país seguirá cayendo". Con todo, mantiene una cierta esperanza en las nuevas generaciones, donde dice seguir viendo "una diversidad enorme, ideas y ganas de hacer cosas", persiste el germen de lo que un día convirtió a Estados Unidos en el centro cultural del mundo.La nación que no se halla a sí mismaSi retiramos el envoltorio de Hollywood, la comida opulenta y los garajes de Silicon Valley, lo que asoma es una sociedad fracturada. Como en el poema de Quevedo, lo que queda de la grandeza es "lo fugitivo". El prestigio acumulado de los Estados Unidos de América permite que el edificio siga en pie, pero las grietas parecen estructurales.Estas cifras no indican el nacimiento de un nuevo imperio. Parece que la cultura es ahora la "peregrina" y no necesita buscar a América en América, porque allí ya no la halla. El mundo ya no es el crisol donde todo se funde en lo americano, sino un mapa disperso donde cada isla cultiva cada vez más su cultura.
El fin del 'barroco yanqui': la influencia cultural de Estados Unidos, en mínimos históricos
La caída del turismo, de los ingresos de Hollywood, de la música en inglés y del prestigio de universidades dibujan una cultura americana que pierde influencia.










