Actualizado 23/07/2026 - 02:04h.
Desde el helicóptero de la Policía no alcanzarían a ver qué animal era ese que se movía por el ruedo. Normal: un bicho indecente había salido por toriles, bautizado con sorna como 'becerriles'. Un becerro para Morante, un becerro para una máxima figura, un ... becerro para el maestro que mandaba en el cartel. Para colmo, era feo a rabiar, enseñando sus puntitas. Ojo con el chiquitín, tremendamente incómodo con esas miraditas, con rebrincado nervio. Si no se movía aquel animalillo, con sus carnes sueltas, ¿qué se iba a mover? Decía la tablilla que pesaba 437 kilos, dos kilos por encima de lo obligatorio, dos kilos después de desayunar. Pero aquella criaturita exigía más de lo que aparentaba. Tuvo que tirar el genio de maestría y valor, y lo imantó en una soberbia serie en redondo, llevándolo embebido en las telas. Por distintos terrenos pasó la faena, andándole con torería, que era menos cuando se contemplaba aquel bichejo del Puerto. El graznido de las gaviotas acompañó la última fase, con Buscacielos muy escarbador para cuadrarlo. Casi se quedó sin toro -cosa lógica- y mató de una estocada traserísima. No atendió el palco la petición y saludó.
Corrida de toros








