El 17 de abril de 2026, pocos d�as despu�s de la sorprendente victoria electoral de P�ter Magyar, el partido h�ngaro de extrema derecha Nuestra Patria propuso que el nuevo Parlamento entonara el Himno S�culo durante su sesi�n inaugural. La canci�n, asociada a una comunidad de h�ngaros �tnicos en Transilvania, divide desde hace tiempo a la sociedad h�ngara. Para algunos, simboliza la solidaridad con los miembros de la misma comunidad �tnica que quedaron fuera de las fronteras de Hungr�a. Para otros, evoca una nostalgia irredentista.Bajo el gobierno iliberal de Viktor Orban, este tipo de s�mbolos pas� a formar parte del ritual oficial del Estado. La bandera s�cula apareci� en el Parlamento en 2013, mientras desaparec�a la de la Uni�n Europea. El simbolismo era inequ�voco: la identidad nacional se defin�a por oposici�n a Bruselas y a la Europa liberal.La respuesta de P�ter Magyar a la propuesta de Nuestra Patria fue reveladora. Acept� incluir el Himno S�culo en la ceremonia inaugural, pero no sin antes a�adir elementos propios. Junto a los himnos h�ngaro y s�culo, la ceremonia incluir�a el Himno a la Alegr�a de la Uni�n Europea y una canci�n popular ampliamente conocida en Hungr�a como el Himno Roman�.Esta �ltima fue interpretada por ni�os roman�es dentro del Parlamento y se convirti� en el centro emocional del traspaso de poder. En el exterior, las celebraciones comenzaron con una canci�n patri�tica interpretada por una cantante pop roman� abiertamente lesbiana. La bandera s�cula permaneci� sobre el Parlamento, pero se le sum� la bandera europea.La oposici�n democr�tica h�ngara no derrot� al nacionalismo iliberal rechazando los s�mbolos nacionales. Derrot� a Orban recuper�ndolos.Las implicaciones de esta lecci�n van mucho m�s all� de Hungr�a. En toda Europa, la derecha nativista ha tratado de convertir el patriotismo en su lenguaje com�n. La gran familia parlamentaria europea a la que pertenece Orban, los elocuentemente llamados Patriotas por Europa -que engloba a la Agrupaci�n Nacional de Marine Le Pen, el Partido de la Libertad de Austria, Vox en Espa�a y Chega en Portugal-, se presenta como defensora de la naci�n. Ser patriota, dicen a sus electorados, significa desconfiar de Europa, endurecer las fronteras y defender a la naci�n de las influencias liberales.La victoria de Magyar demostr� que el patriotismo puede organizarse en torno a la reparaci�n y no al resentimiento.Durante a�os, Orban disfrut� de un monopolio sobre el lenguaje del patriotismo, la tradici�n y la continuidad nacional, mientras que sus adversarios liberales a menudo parec�an inc�modos ante el simbolismo nacional en su conjunto.El mismo patr�n se repite en otros lugares del continente. En Inglaterra, Espa�a y Alemania, por citar solo algunos ejemplos, los s�mbolos nacionales cargan con asociaciones de chovinismo, dictadura o culpa hist�rica. Esta realidad ha permitido a la derecha radical presentarse como la �nica fuerza que no siente verg�enza ante la patria. Tales recelos pueden estar justificados, pero tratar estos s�mbolos como si estuvieran contaminados ha permitido a las fuerzas iliberales definir la naci�n: decidir qui�n pertenece a ella, qui�n la amenaza y qu� aspecto tiene la lealtad.Magyar tom� la direcci�n opuesta. Envolvi� casi todos sus mensajes pol�ticos en un lenguaje patri�tico, incluso expl�citamente nacionalista. Una Hungr�a patri�tica no era un pa�s en guerra permanente con Bruselas, los inmigrantes o la �ideolog�a de g�nero�. Era un pa�s donde los trenes funcionaban, los hospitales cumpl�an su cometido, las escuelas educaban adecuadamente a los ni�os y la ciudadan�a recib�a un trato digno. Su nacionalismo era inclusivo.La ceremonia inaugural capt� perfectamente esta estrategia. Magyar no rechaz� el Himno S�culo ni borr� el simbolismo �tnico. En su lugar, ampli� el espacio de pertenencia. Europa, la poblaci�n roman�, conservadores, liberales y h�ngaros �tnicos en el extranjero quedaron integrados en una misma historia nacional, redefiniendo desde dentro la forma divisiva de nacionalismo de Orban.Durante la campa�a, los discursos de Magyar sonaban a menudo grandilocuentes, incluso teatrales. Invocaba a estadistas del siglo XIX, el sufrimiento hist�rico y el destino nacional. Sin embargo, en medio de aquellas intervenciones cargadas de emoci�n, a veces se deten�a porque alguien entre el p�blico se hab�a sentido indispuesto, interrumpiendo el acto durante varios minutos hasta que llegaba la asistencia m�dica.Esto se�alaba que su patriotismo ten�a que ver igualmente con prestar atenci�n a seres humanos reales. En una �poca en la que las fuerzas dominantes de Europa demuestran cada vez m�s su seriedad mediante el recorte del bienestar social y la disciplina impuesta a los vulnerables, eso importaba.El simbolismo de Magyar continu� despu�s de las elecciones.La primera reuni�n del nuevo gobierno no se celebr� en Budapest, sino en un lugar remoto asociado en la leyenda h�ngara con la primera asamblea de las tribus magiares tras su llegada a la cuenca de los C�rpatos. La rueda de prensa que la acompa�� tuvo lugar frente a una de las pinturas hist�ricas m�s grandes del mundo, que representa la conquista h�ngara de la regi�n.A primera vista, el espect�culo parec�a nacionalismo kitsch. Pero Magyar hab�a alterado sutilmente la gram�tica del nacionalismo h�ngaro. Frente al cuadro, habl� m�s de compasi�n que de gloria hist�rica. Europa pertenec�a al interior de la historia nacional, no quedaba fuera de ella. Los ni�os roman�es no eran figuras simb�licas excluidas, sino participantes en el renacimiento c�vico del pa�s. En la ret�rica de Magyar, el nacionalismo debe ser, ante todo, �humano�.Las elecciones h�ngaras sugieren que el nacionalismo no es, por naturaleza, un lenguaje iliberal que los movimientos democr�ticos deban ceder a los autoritarios. Con demasiada frecuencia lo han hecho, optando bien por aislar electoralmente a estos actores, bien por absorber elementos de su visi�n del mundo. Ninguna de estas opciones aborda el problema fundamental: que la extrema derecha es considerada la voz aut�ntica de la naci�n.Superar este desaf�o puede exigir hacer lo que ha hecho Magyar: contar una historia nacional emocionalmente m�s rica, moralmente m�s convincente y pol�ticamente m�s inclusiva que la ofrecida por la derecha populista.La victoria de TISZA es una buena noticia para el mundo, aunque no est� exenta de reservas. La incitaci�n al odio contra refugiados, musulmanes y minor�as sexuales terminar� en Hungr�a, al igual que el apoyo a c�rculos antisemitas. Sin embargo, Budapest seguir� oponi�ndose a las iniciativas liberales en materia de pol�tica de asilo de la Uni�n Europea, y podr�an resurgir antiguas tensiones con los pa�ses vecinos. Puede que Magyar no sea el ideal para la democracia liberal, pero su nacionalismo humano podr�a ser la mejor manera de resistir el avance de las fuerzas iliberales, o incluso de hacerlas retroceder.Zsolt Enyedi es profesor de Ciencia Pol�tica en la Central European University (CEU)
El nacionalismo humano de Magyar
El 17 de abril de 2026, pocos d�as despu�s de la sorprendente victoria electoral de P�ter Magyar, el partido h�ngaro de extrema derecha Nuestra Patria propuso que el nuevo...








