El primer ministro se asoma a la posibilidad de perder en los comicios de hoy una hegemonía que construyó sobre un sistema diseñado para perpetuar su poder
Una multitud presenció en 1989 en la plaza de los Héroes de Budapest el nacimiento de una bestia política. Un joven anticomunista y liberal de 26 años clamó por la retirada inmediata de las tropas rusas de Hungría. El país quería un régimen democrático y soberano. Aquel novísimo político llamado Viktor Orbán es hoy el primer ministro nacionalpopulista de 62 años que ha convertido a Hungría en un modelo para la ultraderecha mundial y actor clave en la estrategia de Moscú y Washington...
contra la Europa liberal.
La trayectoria de Orbán y de Fidesz (Alianza de Jóvenes Demócratas), el partido que fundó en 1988 junto con otros estudiantes, desafía lo verosímil. El abanderado del ultraconservadurismo cristiano fue en su juventud estudiante de Oxford gracias a una beca del filántropo George Soros. En la campaña del 89, abogaba por adoptar los estándares políticos y económicos de Occidente y por limitar el papel del Estado y la Iglesia.
“Prácticamente todos éramos liberales entonces. Queríamos un cambio y Fidesz era joven, alternativo y fresco”, explica Zsuzsanna Szelényi, exdiputada y fundadora de Fidesz. Szelényi, investigadora en el Instituto para la Democracia de la Universidad Centroeuropea (CEU, por sus siglas en inglés), recuerda a un Orbán “estratégico y radical” en una formación ideológicamente plural.














