Cuando el primer ministro de Hungría, Péter Magyar, tomó posesión del cargo el pasado 9 de mayo, pronunció una frase sobre su victoria electoral con la que fundamenta su actual proceder y sus planes para el futuro. Según Magyar, en los comicios generales del 12 de abril -en los que derrotó de modo aplastante al anterior primer ministro, Viktor Orbán-, “los húngaros expresaron que quieren cambios, no solo un cambio de Gobierno, sino de sistema”.En consecuencia, Péter Magyar, ha puesto en marcha un proceso de desmantelamiento del sistema de poder edificado por el ultranacionalista Orbán durante sus 16 años consecutivos. En el plan del nuevo líder conservador iniciado este mes figuran una reforma de la Constitución, cambios en los medios públicos, limitación temporal de mandatos de parlamentarios y jueces del Tribunal Constitucional, y una enmienda –aprobada por el Parlamento el pasado lunes- para destituir al presidente, Tamás Sulyok. En un discurso en junio, Magyar, hombre de retórica grandilocuente, bautizó todo el proceso como operación Fuego Purificador.La enmienda dirigida contra Sulyok, a quien Magyar califica de “marioneta” de Orbán, fue aprobada por 139 votos a favor y 6 en contra sobre el total de 199 escaños del hemiciclo. Como jefe del Estado, corresponde al propio Tamás Sulyok firmar la nueva enmienda constitucional en un plazo de cinco días, plazo que vence este viernes. Si no la firma, le advirtió el primer ministro, el Parlamento iniciará un procedimiento de destitución en su contra, y después elegirá a otro presidente por un máximo de cinco años o hasta que entre en vigor una nueva Constitución en el país centroeuropeo.Algunas voces críticas Oenegés como Amnistía Internacional cuestionan el expeditivo método para destituir al presidente Tamás Sulyok: “No está bien”, pues le faltan garantías legalesSin embargo, Sulyok tiene otra opción a su alcance para no firmar todavía: remitir la enmienda al Tribunal Constitucional -que ahora mismo está integrado por jueces designados durante los Gobiernos de Orbán- para que evalúe su posible inconstitucionalidad.La noche misma de su triunfo electoral en Budapest, Magyar emplazó ya a Sulyok a dimitir, y ante la negativa de este, impulsó el actual trámite, amparado en su potente mayoría parlamentaria. “La cuestión es si esta fuerza arrasará con los principios del Estado de derecho reconocidos y exigidos internacionalmente”, afirmó Sulyok en un comunicado el domingo previo a la votación. Péter Magyar dijo en una rueda de prensa que Sulyok dejaría de ser presidente en torno al 20 de julio.El expeditivo método ha levantado dudas y críticas. Amnistía Internacional (AI) de Hungría considera que el procedimiento para destituir a Tamás Sulyok “no está bien”, pues le faltan garantías legales. En un comunicado hace unos días, la rama húngara de esta oenegé de derechos humanos condena la conducta del presidente Sulyok, pero sostiene que la enmienda “ignora el hecho de que Tamás Sulyok también tiene derecho a un juicio justo, y su destitución solo es posible con las garantías legales adecuadas”.El primer ministro de Hungría, Péter Magyar, y la ministra de Exteriores, Anita Orbán, votando la enmienda constitucional para destituir al presidente, Tamás Sulyok, el 13 de julio del 2026 ATTILA KISBENEDEK / AFPTambién antes de la votación, la Unión Húngara de Libertades Civiles (TASZ) escribió que el controvertido límite de mandatos para los parlamentarios –que la enmienda constitucional fija en un máximo de 12 años, es decir, tres legislaturas- debería suprimirse por no tratarse de un asunto urgente. La enmienda aprobada el lunes establece también un tope de edad de 70 años para los jueces del Tribunal Constitucional. Esto obligaría a jubilarse a su actual presidente, Péter Polt, leal a Orbán, y a otros tres jueces del TC.Entre las iniciativas ya aprobadas figuran un paquete de normas anticorrupción, la disolución de la Oficina de Protección de la Soberanía –que perseguía a quienes criticaban el Gobierno de Orbán– y una reestructuración de los medios de comunicación públicos. El pasado 7 de julio, fueron suspendidos temporalmente los informativos de la radiotelevisión pública, a la espera de reformas gubernamentales para hacerlos “independientes y creíbles”.Con promesas de enmendar los daños al Estado de derecho de la época Orbán, Péter Magyar consiguió a finales de mayo que Bruselas desbloqueara 16.400 millones de fondos europeos congelados debido a las políticas autoritarias de su predecesor. Ahora tiene prisa por desmontar todo su legado.La ley electoral que Viktor Orbán moldeó para su conveniencia durante sus cuatro mandatos proporciona ahora a Tisza, el partido de Magyar, una supermayoría de dos tercios en el Parlamento, lo cual le permite aprobar legislación por la vía del rodillo. El lunes, los parlamentarios de Fidesz, la formación de Orbán, impotentes ante el vuelco, se ausentaron invocando “la tiranía” del nuevo Gobierno. Orbán no ha llegado a sentarse en el hemiciclo en esta legislatura, pues tras su derrota renunció a su escaño y lo traspasó a su partido, que le ha reelegido como líder.Escándalo en BudapestEl exministro de Exteriores deja el escaño para trabajar en una empresa chinaOtro hombre fuerte de la era Orbán ha emprendido el vuelo. El exministro de Exteriores, Péter Szijjártó, renunció el miércoles a su escaño para irse a trabajar para el fabricante chino de coches eléctricos BYD. Según la prensa húngara, en los últimos años BYD recibió más de 400 millones de euros en ayudas financieras del Gobierno de Orbán, y Szijjártó participó activamente en los esfuerzos de Orbán por estrechar lazos con China y, en particular, con BYD. El fichaje ha causado escándalo en Budapest.Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia
‘Operación Fuego Purificador’, la ofensiva de Magyar contra el legado de Orbán
El primer ministro húngaro busca desmontar el sistema de poder de su predecesor: reforma constitucional, límites temporales para parlamentarios, y leyes ad hoc para echar a jueces orbanistas











