Cuentas pendientesSi un ministerio puede declarar estrat�gica a una aerol�nea con un solo avi�n y darle 53 millones, alguien acabar� haciendo cola para influirJose Luis Rodriguez Zapatero, entrando a la Audiencia Nacional.Actualizado Mi�rcoles,
julio
00:17Audio generado con IAEl caso Zapatero ha vuelto esta semana y ha arrastrado consigo a la SEPI, que en pocas semanas asoma ya en dos sumarios como el organismo por el que habr�an pasado rescates y contratos bajo sospecha. Habr� que esperar a que la Justicia ponga orden en los hechos. Pero lo cierto es que el nombre del imputado, por mucho que se trate de un expresidente del Gobierno, no es lo relevante en este asunto. Lo m�s preocupante es el engranaje que hace posible este esc�ndalo.Solemos tratar la corrupci�n como una especie de anomal�a. Un fallo que se arregla poniendo m�s vigilantes en la puerta. El an�lisis econ�mico de la pol�tica lleva d�cadas avisando de que el problema est� antes, en el dise�o. Cuando una persona puede decidir con amplia libertad el destino de cientos de millones de euros que no son suyos, cualquiera con algo que ganar tiene un motivo racional para invertir en inclinar esa decisi�n hacia su favor. Cuanto m�s dinero reparte el Estado sin reglas que le aten las manos, m�s grande es el premio para quien logra ponerse delante.Da igual el partido que gobierna o lo �ntegro que sea el que tenga el poder de firma. Lo realmente importante es el tama�o de la tarta que se reparte. Si un ministerio puede declarar estrat�gica a una aerol�nea con un solo avi�n y darle 53 millones, alguien acabar� haciendo cola para influir en esa firma. Detr�s se monta un peque�o negocio de intermediarios que cobrar por engrasar los engranajes de la corrupci�n.Por eso me creo poco los remedios que se anuncian cada vez que estalla un caso. Nuevas comisiones de investigaci�n, c�digos �ticos o auditor�as con marchamo de independientes. Todo este tipo de medidas llega cuando el dinero ya ha volado y, en el mejor de los casos, sirve para reconstruir el modo de reparto de un bot�n que nunca debi� estar en manos de cuatro cargos. Reclamar m�s burocracia para vigilar a la burocracia es dar de comer al mismo aparato que habr�a que poner a dieta.La soluci�n de fondo pasa por atar las manos del poder. Si el Estado no pudiera tener el poder discrecional de rescatar empresas casos como el de Plus Ultra no habr�an existido. Si el pol�tico de turno no puede elegir ganadores o perdedores, se queda sin apenas nada que vender bajo cuerda. Y si el Gobierno no tiene favores que conceder, tampoco habr� quien pague por ellos.







