La imputación divulgada el pasado martes de José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del gobierno (2004-2011), tras ser investigado por supuestas irregularidades relacionadas con el rescate gubernamental de la aerolínea Plus Ultra, ha conmocionado la política española y, muy probablemente, seguirá haciéndolo en las próximas semanas. El fin de curso político va a discurrir en España bajo la sombra de la corrupción, y no solo por la que el juez José Luis Calama presume en Zapatero y los empresarios con los que se relacionó, sino también por la que en otras causas se atribuye a exdirigentes del PSOE o a familiares de su actual líder y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.Tanto por ser un referente ético entre el electorado socialista, como por estar involucrado en la más reciente de las causas desveladas y por ser considerado una pieza de caza mayor por la oposición, Zapatero acapara ahora mismo gran cantidad de titulares. El auto instruido por Calama, que en medios judiciales es apreciado por su celo y su labor minuciosa, es rico en indicios e inferencias, pero al decir de portavoces socialistas carece hasta ahora de pruebas sólidas. Hay pues expectación ante la declaración que Zapatero prestará en la Audiencia Nacional el próximo día 2 de junio. Solo si de ella se derivara su desimputación, el caso daría un vuelco. Pero a juzgar por el continuo goteo de informaciones relativas al sumario, parte del cual sigue sin desvelar, esta hipótesis, aunque técnicamente posible, no parece ahora probable.Las consecuencias del caso para las personas y partidos relacionados no son nunca buenasA la espera de la evolución del caso, de si en el futuro los delitos que ahora deben ser calificados de presuntos abocan a condenas firmes, cabe ya hacer un primer balance de sus consecuencias hasta la fecha. Y lamentamos decir que, en última instancia, no son buenas para ninguna de las personas o instituciones a las que de un modo u otro concierne.El principal daño reputacional, aun en esta fase del caso, se lo lleva ahora José Luis Rodríguez Zapatero. La incredulidad, la decepción y la tristeza han marcado las reacciones de muchos ciudadanos que nunca dudaron de su integridad y que ahora sí lo hacen, al verle enredado en una madeja –todavía, queremos insistir, por conocer en su detalle– de consultorías, informes más o menos consistentes, facturas falsas y comisiones, en la que han estado también inmersas otras figuras económicas o políticas menos conocidas.El PSOE es el siguiente en la lista de afectados. Ya alicaído por el ciclo electoral autonómico, en el que cosechó resultados siempre adversos, ve sumarse ahora a Zapatero a la ya larga lista de encausados ante la que la oposición prepara lo que denomina una “ofensiva total”. Dicha oposición dispara con toda la artillería lo mismo contra José Luis Ábalos o Santos Cerdán, por sus presuntas irregularidades cuando eran secretarios de organización del PSOE, que contra la esposa o el hermano de Sánchez, por asuntos que a ojos imparciales parecen de menor envergadura que aquellos. Sea como sea, es obvio que la imagen del PSOE ha conocido tiempos mejores.La confianza pública en las instituciones se ve mermada por conductas irresponsablesTambién la judicatura ha sufrido algún arañazo. En un país donde se inhabilita al fiscal general, mientras la persona –defraudadora confesa y pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid– a la que investigó por delitos fiscales (y a la que ha tenido que pagar una indemnización por daños morales) sigue sin juzgar, se resiente la opinión que una parte de la ciudadanía tiene de ella. Aunque no es menos cierto que, del mismo modo que a falta de pruebas concluyentes siempre debe defenderse la presunción de inocencia de los encausados, hay que respetar también la presunción de imparcialidad de los jueces.Es probable que el PP gane apoyo electoral de resultas de los tropiezos del PSOE y de la crítica demoledora que de ellos hace. Pero quizás generaría más esperanza si, ante esta ciénaga corrupta en la que también ha caído más de una vez, hasta el punto de perder el gobierno tras la moción de censura que trajo el caso Gürtel, priorizara, en lugar de los ataques, la propuesta de un plan de regeneración que garantizara que lo que tanto le disgusta no va a producirse ya más, gobierne quien gobierne.Además de estos perjudicados con nombre y apellidos, hay otros de orden intangible, pero no por ello menos importantes. El principal es la confianza pública en las instituciones, desacreditada con irresponsable ahínco por unos y otros, tanto desde el poder como desde la oposición.