Esta estrategia amplía el mercado más allá de los aficionados tradicionales, convirtiendo el evento en un producto de entretenimiento masivo, no solo deportivo.22 de julio, 2026 - 08h30Culminada la Copa del Mundo, más allá de la sensación de que el tiempo voló, es inevitable preguntarse cómo un solo deporte logró mantener tan unida a la comunidad global, tendiendo lazos y en algunas ocasiones también rivalidades entre países enteros. En otras palabras, estábamos unidos bajo la redonda. Y pensar en ello lleva a una pregunta económica tan válida como la emocional: ¿por qué nos une tanto este deporte? La respuesta, en buena parte, se explica con el concepto de valor agregado, que se define como la riqueza adicional que se genera cuando un bien o servicio se transforma en algo de mayor valor para el consumidor. El producto inicial del deporte es, evidentemente, el partido; sin embargo, lo que multiplica su valor económico y emocional son las capas que se construyen alrededor de esos 90 minutos.El caso más claro es el de las camisetas. Según estimaciones de mercado, se vendieron aproximadamente cinco millones de jerséis, siendo este el mundial con mayores ventas de camisetas de la historia. Por supuesto, la camiseta de la selección argentina habría sido la más vendida durante el Mundial 2026, con cerca de 2,7 millones de unidades a nivel global, un fenómeno impulsado por Lionel Messi. Si el análisis se limita al catálogo de Adidas, el liderazgo cambia de manos: la camiseta de México resultó ser la más comercializada de la marca, y en conjunto las ventas relacionadas con el torneo superaron los $ 1.130 millones para Adidas. Esto confirma la idea original del artículo: los aficionados no compran una prenda; compran pertenencia, pues portar la camiseta de la selección es una forma de decir sentirse parte de algo grande.Por otro lado, los FIFA Fan Fest se ubicaron como el segundo gran motor de valor agregado, con casi ocho millones de personas participando en los Fan Festivals organizados por la FIFA en los tres países anfitriones durante la fase de grupos. Y solo el Fan Fest del Zócalo, en Ciudad de México, acumuló más de dos millones de asistentes hasta principios de julio, consolidándose como el más concurrido del torneo. Lo interesante es que estas cifras no dependen de tener una entrada al estadio; son espacios que capturan a un público que de otra forma quedaría fuera del negocio, y lo convierten en consumidor activo de comida, bebida y mercancía oficial.PublicidadEl contexto general también ayuda a entender la magnitud del fenómeno, pues, al ser el primer mundial con 48 selecciones, el torneo reunió a más naciones, jugadores y aficionados que nunca, y los 72 partidos de la fase de grupos convocaron a más de 4,6 millones de espectadores, superando el récord de asistencia que se mantenía desde Estados Unidos 1994. Además, el merchandising oficial de la FIFA sigue siendo un imán particularmente atractivo para el turista extranjero, que muchas veces compra un recuerdo del mundial sin necesariamente ser un fanático del fútbol. Esto conecta con un fenómeno paralelo: el turismo deportivo. Ciudades sede como Ciudad de México, Miami o Nueva York no solo reciben aficionados, sino visitantes que aprovechan el evento para conocer el país, generando un derrame económico en hotelería, transporte y gastronomía, un valor agregado que ni siquiera pasa por las manos de la FIFA, pero que existe gracias a ella.Finalmente, no se puede ignorar el rol de los shows de inauguración y de la final, pensados explícitamente para atraer a un público que quizás no siga el fútbol de cerca, pero que sí quiera presenciar a su artista favorito y ser parte de la fiesta mundial. Esta estrategia amplía el mercado más allá de los aficionados tradicionales, convirtiendo el evento en un producto de entretenimiento masivo, no solo deportivo. (O)Jorge Andrés Calderón, estudiante de Economía, QuitoPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?
El valor agregado del fútbol: más que 90 minutos
Esta estrategia amplía el mercado más allá de los aficionados tradicionales, convirtiendo el evento en un producto de entretenimiento masivo, no solo deportivo.









