Actualizado 22/07/2026 - 06:18h.
CASI todos hemos tenido alguna vez la sensación de que los políticos, o gran parte de ellos, hablan para idiotas. El problema consiste en que no es una sensación: la llamada política del relato impone la necesidad de una verborrea perenne, una palabrería arrolladora y ... a menudo contradictoria donde el hecho de hablar por hablar importa más que ninguna otra cosa. En la esfera pública domina una especie de 'horror vacui' en el que está prohibido el silencio; la tiranía del canutazo exige decir algo, sea falso o más raramente verdadero, cada vez que un dirigente se encuentra un micro abierto. Prohibido callar, ser prudente o discreto. Hay que alimentar a la jauría de las redes sociales manteniendo la conversación pública encendida como el fuego sagrado de los antiguos templos. Los gabinetes de estrategia (?) distribuyen cada mañana los argumentos de ese perpetuo parloteo destinado a confortar siquiera por unos momentos a los seguidores más 'cafeteros'. Qué más da que lo dicho hoy sea o no cierto si mañana habrá que empezar de nuevo.
Corrupción
Santos Cerdán León
Pedro Sánchez






