Si a usted le gusta ser despreciado, insultado y acusado de homicidio involuntario, solo tiene que alzar la mano y atreverse a insinuar desacuerdo con la prohibición de fumar en las terrazas de unos negocios privados que, previo pago de impuestos, ocupan una parte de la vía pública, ese espacio hiperregulado donde ya se ve que la convivencia y la tolerancia mejoran por horas. David Borrat / EfeUna vez más, el Consejo de Ministros aprueba un proyecto de ley para prohibir fumar en terrazas y otros espacios –genial lo de los conciertos al aire libre, donde la peña apenas fuma pero va ciega de drogas–, texto que entrará en el Congreso y en el limbo dada la composición de las cámaras y la atmósfera fin de siglo.De nuevo, texto para prohibir fumar en terrazas o cuanto más se regula peor convivimosRegular y prohibir en España tienen buena prensa y respaldo, gracias a la alianza entre la gente de orden –cuyo concepto sobre sí mismos suele ser impecable– y la izquierda más aburrida, intervencionista y aguafiestas de su historia. A falta de influencia en las causas­ que dieron fuerza al progresismo –salarios, condiciones laborales, vivienda, ascensor social–, la izquierda se ha aficionado a prohibiciones, sermones y buenos propósitos a los que la realidad o la falta de medios públicos restan efectividad. Me parece esperpéntica la noticia de que los Mossos detuviesen formalmente ayer en la Barceloneta a un hombre apuñalado –falleció en minutos– porque había infringido la orden de alejamiento de su expareja, presente en el lugar de los hechos.Y cuanto más regulaciones aprobamos, peor es la convivencia y mayor la intransigencia. Armado de derechos, el ciudadano modélico se erige en apóstol en las redes y agente de la autoridad en las calles en las que censura a todo quisqui, desde los que pasean un perro sin botellín hasta los que fuman en terrazas a 40 grados o un frío que pela en invierno, donde ellos se sentarían si no hubiese un adicto a tres mesas de distancia. ¿Ruidos en la urbe? ¡Cero! Por cierto, sin fumadores, adiós a muchas terrazas.Eso sí, izquierdas y derechas miran a otro lado en lo que afecta a prevención del consumo de drogas que dejan tarumbas, hunden familias, corrompen funcionarios y explican ciertos sucesos.Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'La Vanguardia' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.