Lo único que es verdad es que hace mucho calor. Hace calor, mucho calor, mucha humedad; no sabemos cómo vestirnos ni cómo combatir la transpiración constante. El sol se ha vuelto malvado, compite consigo mismo para lograr elevar hasta el infinito su temperatura. Parece que tiene como propósito enloquecernos, doblegarnos; un calor que parece detener los pensamientos que se despliegan en las neuronas y que ahora están detenidos, esperando a que refresque y que alguna sombra los haga despertar de su ­letargo. Ana Escobar / EfeDurante junio y julio el calor no ha dado tregua. Las diversas olas de calor que han inundado el día también lo han hecho por la noche. Se podría decir que la temperatura de más de 40 grados que se ha alcanzado en algunos puntos de España, que ha provocado incendios devastadores, está empezando a señalar la posibilidad de que llegue a los 50 grados en los próximos años.Las altas temperaturas son percibidas por todos los españoles casi de la misma forma y constituyen un problema real, no interpretableTodos los factores antes mencionados son verdad, y lo son porque millones de personas, de una forma u otra, los han vivido y los viven. Es una verdad incuestionable, se vote a quien se vote: hace mucho calor. Es un hecho que no se puede manipular, ni judicializar, ni permite extender la sospecha de que no ha llegado a ocurrir; ni siquiera puede declararse que es una conspiración. Hablamos de un acontecimiento que todos experimentamos en primera persona y que la política no puede ocultar. Es una realidad física que el cuerpo, a ciertos niveles elevados de temperatura, puede colapsar; nos puede matar, nos puede hacer enfermar. Los golpes de calor son reales, como lo son la pérdida de apetito, de ánimo y la irritabilidad. Hablamos, pues, de que las altas temperaturas son percibidas por todos los españoles casi de la misma forma y, por lo tanto, constituyen un problema real, no interpretable.Por el contrario, los debates sobre la neutralidad de los jueces, los casos de corrupción, la tramitación de los presupuestos generales del Estado o las polémicas cruzadas entre los partidos políticos son hechos que se asemejan al artificio de una escenografía que, en muchos casos, se percibe como real. La política, de este modo, se sustancia con acontecimientos que, tras la apariencia de tragedia democrática, lo que descubren es el esfuerzo de cierta política para hacer creer a los ciudadanos que sus protagonistas son necesarios.Lo que distingue el calor que se padece ahora de los conflictos creados por la confrontación política es que las altas temperaturas, el intenso calor, están ahí realmente. No es lo mismo provocar que sudar, acusar que no poder respirar, delatar que resguardarse del sol.