La desigualdad econ�mica se ha reducido de forma notable entre pa�ses durante el siglo XXI, pero el proceso se ha frenado dentro de las econom�as occidentales. El desempleo, la globalizaci�n, los cambios demogr�ficos y la crisis del Estado del bienestar explican parte de una evoluci�n que exige elevar la productividad y el empleo sin obstaculizar el crecimiento.La desigualdad en la distribuci�n de la renta y la riqueza es un tema que viene preocupando a los economistas desde hace mucho tiempo. Un hecho muy positivo de nuestro siglo XXI es que, a escala internacional, la desigualdad se ha reducido de forma notable, como no hab�a sucedido en la historia moderna. Las diferencias entre pa�ses siguen existiendo y siendo relevantes, ciertamente. Pero se han reducido de forma sustancial. Un europeo, por ejemplo, es, en promedio, mucho m�s rico que un chino o un indio. Pero la distancia que los separa es hoy significativamente menor que la que exist�a hace no muchos a�os.El problema parece agravarse, en cambio, en Occidente, en el interior de los pa�ses m�s pr�speros, en los que el proceso de reducci�n de la desigualdad que se inici� en la d�cada de 1920 parece haberse frenado; especialmente en algunos pa�ses. En el an�lisis econ�mico el modelo dominante para explicar la evoluci�n de la desigualdad en Europa y Norteam�rica se bas�, durante bastante tiempo, en las ideas que en la d�cada de 1950 formul� el economista norteamericano Simon Kuznets.Se�alaba Kuznets que la desigualdad interna evoluciona con el nivel de desarrollo de un pa�s. En sociedades pobres, las diferencias de renta entre sus habitantes son peque�as, con pocas excepciones. Sin embargo, al generarse procesos de desarrollo, la desigualdad tiende a aumentar. Ahora la gente de los estratos m�s bajos de la poblaci�n vive mejor; pero est� m�s lejos de los ingresos que obtienen las clases altas.Esto es lo que podemos encontrar, en efecto, en Europa y en Estados Unidos en el per�odo comprendido entre los a�os centrales del siglo XIX -unas d�cadas antes en Inglaterra- y la Primera Guerra Mundial. A partir de esa fecha, las diferencias de ingresos se reducir�an de forma significativa a lo largo del siglo. Kuznets dej� siempre claro que su modelo era emp�rico, no te�rico. Es decir, presentaba datos, pero no intentaba formular una teor�a que explicara esta correlaci�n variable entre niveles de desarrollo y de desigualdad.Apuntaba algunas posibles explicaciones, como el crecimiento del sector servicios, la progresividad de los impuestos, los programas de bienestar social o la regulaci�n de determinados mercados; pero sin formular un modelo de validez general. Por otra parte, insist�a en una idea que se olvida con frecuencia. Estos c�lculos tienen sentido s�lo si partimos de la premisa de que la estructura de la poblaci�n no ha cambiado. Es decir, si -como ha ocurrido en los pa�ses occidentales- tiene lugar un gran flujo de inmigraci�n, que hace que los estratos de nivel econ�mico m�s bajos pasen a estar formados, en buena medida, por inmigrantes, el valor de las estimaciones se reduce de forma sustancial.Crisis del estado del bienestarEl problema hoy es que, a pesar de los avances que el mundo occidental ha experimentado en los �ltimos cuarenta a�os, no se observan reducciones significativas de la desigualdad en los pa�ses m�s ricos del mundo, en especial en Estados Unidos. No resulta f�cil formular una teor�a s�lida que explique qu� ha ocurrido en estos a�os. Pero pueden apuntarse algunas razones posibles.Una de ellas es la crisis del estado del bienestar, a la que se enfrenta el mundo occidental debida a los cambios de la estructura de poblaci�n y a la inmigraci�n. Pero hay otro factor muy importante, que no siempre se menciona y merece ser tomado en consideraci�n.Hay muchos datos que indican que el estancamiento en la reducci�n de la desigualdad en el mundo occidental puede estar relacionado con las menores diferencias de renta que existen hoy a escala mundial. La raz�n es que el libre comercio y los movimientos internacionales de capitales tienden a reducir los gaps entre los salarios que perciben los trabajadores en los diversos pa�ses. Y esto se debe a que la producci�n de bienes comerciables experimenta cambios geogr�ficos, movi�ndose de unos pa�ses a otros y reduciendo as� las diferencias salariales. Esto es muy bueno, naturalmente, para los trabajadores de los pa�ses en v�as de desarrollo; pero puede no serlo para los empleados de menor capital humano en los pa�ses avanzados.No es sencillo dise�ar estrategias para reducir el actual nivel de desigualdad en los pa�ses occidentales. Intentar volver al pasado, elevando el gasto p�blico y subiendo los impuestos no tendr�a sentido, ya que esto supondr�a un freno al crecimiento econ�mico. Y ser�a bastante absurdo poner obst�culos a la internalizaci�n de la econom�a, porque tal pol�tica ser�a perjudicial para todos los pa�ses, y en especial para las naciones menos desarrolladas.Lo que nos ense�a la experiencia es que la mejor forma de conseguir tal objetivo es elevar la productividad de los trabajadores y su nivel de empleo. Los datos muestran de forma concluyente que el paro es uno de los factores que m�s claramente generan desigualdad. La soluci�n tiene que buscarse, por tanto, en lograr econom�as eficientes con bajo nivel de desempleo; no en aplicar pol�ticas que, con el prop�sito de redistribuir la renta, se conviertan en un obst�culo al crecimiento econ�mico.Francisco Cabrillo es catedr�tico em�rito de Econom�a de la Universidad Complutense. Fundaci�n Civismo.