Rosario Pérez

Santander

Actualizado a las 22:00h.

Sonaban los acordes del Himno Nacional mientras las banderas se anudaban al mástil. Y ya podrían haberse arrebujado todas las vulgaridades de aquel tostón de tarde con una corrida manejable pero vulgar, a tono con las faenas. Soplaba con fuerza el viento del nordeste y ... aquel oleaje del Sardinero, con la bandera roja clavada, se sentía en la plaza. Una gozada para los tendidos, pero no tanto para los toreros.

Morante de la Puebla