Actualizado 10/07/2026 - 09:11h.
Un rugido gutural, casi primitivo, brotaba de las gargantas mientras los brazos practicaban la suerte del remo vikingo. «¡Row-row!», estallaban las peñas antes de entrar en aquella caldera que era la Monumental, un volcán a punto de reventar. No cabía un alfiler, no ... cabía ni un pañuelo más, hombro con hombro, apretados los cuerpos sudorosos y con miles de almas enfebrecidas, que pasaban la testa por el grifo de los baños para templar la temperatura. Una marea frenética, viva y enamorada -no cabe un beso más en esta Pamplona de julio- desbordaba los tendidos, que agitaban banderas del Perú. El nombre de Roca Rey, el gran ídolo de Pamplona tras la retirada de Padilla, estaba en boca de todos desde por la mañana. Regresaba el limeño con el mismo vestido azul Estrella y oro de la sangre y la gloria de Sevilla. Y con la misma ganadería, Victoriano del Río, que le partió el muslo en una cornada de 35 centímetros. ¿Quién dijo superstición? ¿Quién dijo miedo? ¡Fuera todos! Por si acaso, sí volteó la montera en el sentido de la buena suerte en su primero, de simplona presencia para una plaza como esta.
San Fermín 2026
Alejandro Talavante
Roca Rey






