Durante la época veraniega, los platos más desedos son aquellos que se basan en recetas rápidas de preparar, alejadas del horno o los fogones y que resulten ligeros y frescos, para ayudarnos a combatir las altas temperaturas. Dentro del infinito catálogo de postres populares de esta temporada, la mousse de limón con leche condensada brilla con luz propia gracias a su textura cremosa, un sabor muy fresco y la facilidad con la que se elabora. Con solo tres o cuatro ingredientes y unos pocos minutos de preparación, este clásico de siempre ha vuelto a conquistar las mesas familiares. Además, es tan sencillo de armar que es una receta ideal para experimentar en la cocina junto a los más pequeños de la casa.

De chocolate, de queso, de café o de frutas como el mango, la fresa, maracuyá, o este de limón, la mousse ('espuma') tiene su origen en la repostería francesa. Las primeras versiones de este postre de textura ligera y aireada hay que buscarlas en el siglo XVIII, aunque es a partir del XIX cuando se empieza a hacer popular en la alta cocina del país vecino. Las primeras recetas experimentaron con el chocolate y la nata, aunque con el paso del tiempo se fue experimentando con un sinfín de ingredientes, incluso salados.