Cuando el calor comienza a subir de intensidad, encontrar una comida fresca y ligera puede ser todo un desafío. Las sopas frías se convierten en una opción ideal para estos meses de verano en los que no nos apetece pasar mucho tiempo dentro de la cocina, ni degustar recetas o platos muy pesados. Además de que está opción es extremadamente refrescante, es una forma muy sencilla de introducir las verduras en nuestra dieta.

Estos platos son muy populares en las zonas más calurosas de nuestro país. Desde las recetas más clásicas como el salmorejo o el gazpacho, hasta esta opción más innovadora que comparte algunos ingredientes con las cremas frías más conocidas como el pepino, el ajo y el vinagre.

Las sopas frías se componen de ingredientes sencillos que usamos en otras comidas como complementos y que a menudo relegamos a una posición secundaria en nuestra despensa. Sin embargo, tanto el pepino como la cebolla son hortalizas que al protagonizar cualquier receta despliegan una potencia de sabores que conquista casi cualquier paladar.

Asimismo, según la Fundación Española de Nutrición (FEN) del pepino “se puede resaltar su aporte en potasio y vitamina C”. Sin embargo, la cebolla es una verdura con un elevado contenido en “proteínas, potasio, flavonoides y distintos compuestos azufrados”.