Con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas, los postres fríos se convierten en uno de los mejores aliados para hacer frente al calor con bocados dulces y refrescantes. Tartas sin horno, mousses de limón, granizados o tiramisús son algunos de los más populares. Sin embargo, hay una elaboración que destaca por encima del resto por su sencillez y versatilidad: el helado, uno de los postres que se consume con mayor intensidad durante los meses más calurosos del año. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, “en los meses de junio, julio y agosto se concentra un 58,7% de las compras totales de estos productos”.
Existe la creencia de que adoptar una alimentación equilibrada implica renunciar a la repostería. Sin embargo, los dulces también pueden tener cabida en una dieta saludable si se consumen de forma ocasional y se elaboran con ingredientes de calidad. Preparar estas recetas en casa nos ofrece una ventaja añadida: controlar las cantidades y los ingredientes, reduciendo la presencia de azúcares añadidos, grasas saturadas o conservantes habituales en muchos alimentos ultraprocesados.
El helado casero es un ejemplo de ello. En tan solo tres pasos y con solo tres ingredientes, nos brinda la posibilidad de transformar frutas y bebidas en un postre refrescante y lleno de sabor. Además, es una forma de aprovechar algunas frutas maduras que, aunque presenten un aspecto menos apetecible, contienen un mayor dulzor natural por el proceso de maduración.







