El agua es un bien escaso y codiciado. Lo saben bien los territorios que sufren sequías y que tienen que adaptar su consumo diario en función de las lluvias. No es solo un asunto que preocupe a países en vías de desarrollo. La Unión Europea sabe de la importancia de este recurso que, además, puede convertirse en un arma en caso de guerra. Un ejemplo es como Rusia ha destruido parte de la infraestructura hídrica de Kyiv, lo que ha forzado a Ucrania a buscar suministros alternativos.La Eurocámara cree que Bruselas debe jugar un mayor papel en evitar este tipo de conflictos. El Parlamento aprobó hace unas semanas un informe en el que insta al gobierno de Ursula Von der Leyen a invertir más en gestión hídrica, en fomentar las colaboraciones público-privadas y en perseguir, a través de la justicia, a quienes hagan del agua un uso militar.Lee también“Los líderes e instituciones europeas deben garantizar que la gobernanza transnacional de los recursos hídricos se reconozca como una prioridad estratégica, diplomática y de seguridad dentro de la política exterior de la UE”, reclamó Leoluca Orlando, el eurodiputado italiano del grupo de los Verdes que lideró el informe.Sin embargo, las peticiones de la Eurocámara “meten todo en el mismo saco”, según Susanne Schmeier, Catedrática de Cooperación en materia de agua, Derecho y Diplomacia, de la universidad de Delft (Países Bajos). Schmeier ve necesario diferenciar entre lo que es la “militarización del agua” en el contexto de una guerra -el caso de Rusia y Ucrania- y “donde el agua es lo de menos”; y lo que es un “conflicto sobre el agua”, donde dos territorios distintos compiten por utilizar la misma fuente hídrica. En cada caso, “se aplican instrumentos jurídicos internacionales muy distintos (...) por lo que creo que es importante ser precisos”, explica en una entrevista con La Vanguardia. La gobernanza transnacional de los recursos hídricos deber ser una prioridad estratégicaLeoluca OrlandoEurodiputado de los VerdesUn factor clave, tanto para la Eurocámara como para la experta, es la crisis climática. Sobre todo porque la UE ya vive insuficiencia hídrica -en distinta medida- en varios de sus países. El caso más llamativo, según datos de Eurostat, es el de Rumanía, donde prácticamente la mitad de su población no tiene acceso a agua potable. Los datos también preocupan en el sur del continente, en Grecia, el porcentaje de población sin agua es del 13,2%, en Italia, del 10% y en España, del 7,1%.Actualmente, se dan dos realidades: “Es uno de los peores momentos de las últimas décadas para plantearse el avance del derecho internacional”, en palabras de la catedrática, quien argumenta que hay países (como EE.UU.) retirándose de la Corte Penal Internacional; y, a la vez, la UE se enfrenta a “muchos retos derivados del cambio climático, el uso excesivo del agua y el crecimiento demográfico”.Lee tambiénEn esto coincide con el Parlamento, desde donde aseguran que “la creciente presión sobre los recursos hídricos, causada por el crecimiento demográfico, el desarrollo industrial insostenible, la deficiente gestión de aguas residuales y el uso insostenible del agua, contribuye a la escasez de agua, la inseguridad alimentaria y los conflictos”.Schmeier apunta que los retos hídricos a los que se enfrenta Europa, desde los incendios en el sur hasta la imposibilidad de mantener activas centrales nucleares en Francia, “necesitan soluciones políticas, pero también, en gran medida, técnicas”. Y eso es lo que le “preocupa”, afirma, que “siempre hablamos de la ‘militarización del agua”. “¿Estamos hablando también de militarización cuando Suiza tiene previsto construir más presas para adaptarse al cambio climático, algo que preocupa mucho a los Países Bajos?”, se pregunta la experta, en referencia al temor de que el proyecto en los Alpes altere el caudal natural del río Rin y que retenga sedimentos hacia el delta neerlandés.Los ríos Rin y Danubio han sido objeto de tensiones entre los países centroeuropeos durante las recientes sequíasEl río Rin –una de las principales arterias comerciales de Europa, que comparten, además de Suiza y Países Bajos, Francia y Alemania –, así como el Danubio, han sido a menudo objeto de tensiones logísticas y económicas entre los países centroeuropeos, principalmente durante las severas sequías, que perjudican su navegabilidad. En las recientes olas de calor, las barcazas tuvieron que reducir su carga por los bajos niveles del agua en algunos tramos de estos ríos.La catedrática asegura que “Europa tiene uno de los marcos legales y políticos más avanzados” en este ámbito, mediante comisiones que gestionan los principales ríos europeos (en el caso del Tajo, a través del Convenio de la Albufera). “La cuestión aquí es si estos organismos serán capaces de adaptarse a los nuevo retos de la crisis climática; de lo contrario, podríamos ver tensiones”, concluye.Ante los desafíos de la crisis climática, la Eurocámara reclama “que la gestión del agua responda ante todo a los intereses medioambientales —ya que es una necesidad básica para las plantas, los animales y los seres humanos— y se rija por una lógica basada en el interés público y en los bienes públicos y globales comunes”.Publicación elaborada en el marco del proyecto ‘Europa de Vanguardia’, con el apoyo del Parlamento Europeo y siguiendo el criterio editorial de ‘La Vanguardia’Bruselas. 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