Actualizado Martes,

julio

00:01Faltan a�n 30 minutos para que la Galer�a de la Academia abra sus puertas. Pero en la v�a Ricasoli apenas se puede caminar por las colas de los visitantes que quieren contemplar el David de Miguel �ngel y las pinturas con las que los artistas locales alfombran la calle. La imagen, habitual en el sempiterno verano florentino, se repite delante de todos los greatest hits de la cuna del Renacimiento. No hay entradas para subir al Duomo en toda la semana, ni para visitar la Galer�a de los Uffizi. Es dif�cil avanzar por las estrechas aceras que llevan hacia el Ponte Vecchio. Y sin embargo, a tres minutos estrictos de la Academia, el Convento de San Marcos recibe al paseante de manera discreta, sin gent�o ni l�os, desde las 8:15 de la ma�ana.La Florencia rom�ntica que descubrieron los viajeros del Grand Tour s�lo se puede leer ya en los libros. Pero a�n hoy, la ciudad de Brunelleschi, Donatello y Ghirlandaio, de Dante y Maquiavelo, de Gucci y Ferragamo sigue deslumbrando en palacios, iglesias, bibliotecas y rincones que se pueden visitar sin tener que codearse con todas las almas que despacha el turismo masivo. �Alg�n secreto? S�, el m�s viejo del mundo: madrugar.Una de las celdas de los frailes dominicos que 'decor�' Fra Angelico y que ahora dialoga con un lienzo de Rothko.M.G.HDec�amos que son las 8 y algo de la ma�ana y en las escaleras del Convento de San Marcos, donde aparece en lo alto la Anunciaci�n de Fra Angelico, no hay nadie. Parece un milagro. De repente estamos en el a�o 1450 y fuera, en la floreciente ciudad de los Medici, Santa Mar�a del Fiore ya luce una enorme c�pula de ladrillo dise�ada por Brunelleschi. Pero en el interior de este convento, construido a partir de 1437 con el apoyo de Cosme de Medici, tambi�n se gesta una peque�a revoluci�n: el beato Angelico, adem�s de pintar el Retablo de San Marco, est� creando unos maravillosos frescos en cada una de las celdas de los frailes dominicos. Para una orden tan humilde y severa, aquello debi� de ser toda una conmoci�n.Hoy, todav�a sobrecoge. Y estos d�as en particular a�n m�s si cabe. Porque el convento es una de las sedes de la gran exposici�n del verano en la ciudad: Rothko a Firenze, una muestra del gran pintor de la abstracci�n americana organizada por la Fondazione Palazzo Strozzi (hasta el 23 de agosto) que nos descubre una Florencia inesperada y sin aglomeraciones. Los cuadros de Mark Rothko (1903-1970) ocupan cinco de las celdas conventuales. Cada uno est� colgado al lado de un fresco del beato Angelico, estableciendo un di�logo genial entre dos maestros y entre dos eras.La Sala de Lectura de la Biblioteca Laurenciana, dise�ada por Miguel �ngel.M.G.HRothko viaj� a Florencia en 1950 y, seg�n su propio testimonio, se qued� prendado de San Marcos, pero tambi�n de otro monumento m�s, situado a pocos pasos: la Biblioteca Laurenciana, construida en el claustro de la bas�lica de San Lorenzo. Aqu� encontramos otra de las sedes sat�lite de la muestra de Rothko. Fue el papa Clemente VII de Medici quien encarg� a Miguel �ngel el dise�o de esta biblioteca que atesora —a�n lo hace— la valiosa colecci�n de manuscritos reunidos por la familia con la ayuda de algunos de los humanistas m�s c�lebres de la �poca. Es en el vest�bulo donde aparecen dos obras adicionales de Rothko, aunque s�lo se aprecian al descender de la Sala de Lectura, la joya de la corona de la biblioteca..La exposici�n acoge m�s de 60 obras e maestro de la abstracci�n americana.M.G.HEl grueso de esta gran exposici�n, con m�s de 60 obras del pintor expresionista, aguarda en un espacio m�s convencional, si es que se puede describir as� un imponente palacio renacentista como el Palazzo Strozzi, en el centro de la ciudad. Tampoco hay colas en este museo imprescindible para los amantes del arte contempor�neo, culpable de organizar ambiciosas retrospectivas de grandes artistas internacionales. Rothko a Firenze recorre toda la trayectoria desde sus primeras obras figurativas a las m�s c�lebres pinturas abstractas a todo color de los a�os 50 y 60 que le convirtieron en todo un fen�meno.Ni que decir tiene que el Strozzi es un refugio perfecto ante la vor�gine tur�stica de Florencia. Con Rothko o sin �l, sentarse a tomar un caf� en el patio del museo, intervenido por el colectivo dan�s Superflex, es ideal para recargar las pilas. Aunque si lo que necesita es una cabezada, quiz� el Giunti Odeon sea incluso a�n m�s sugerente. Este antiguo cine a la vuelta de la esquina es hoy una fant�stica librer�a, pero a�n conserva sus palcos y varias filas de butacas frente a la gran pantalla. Hasta a Stendhal le hubiera gustado darse aqu� un respiro de tanta belleza, de tanta Florencia. La librer�a Giunti Odeon.M.G.HPuedes seguir a El Mundo Viajes en Facebook, X e Instagram y suscribirte a nuestra newsletter aqu�