20 de julio, 2026 - 07h30Tranquilos. Vamos a hablar de El señor presidente, novela de Miguel Ángel Asturias, obra crucial para la literatura latinoamericana, que cumple 80 años. Su primera edición data de 1946. El manuscrito estaba listo 13 años antes, pero la censura de las dictaduras guatemaltecas impidió su publicación. Cuando pudo hacerlo, el escritor recurrió a una pequeña editorial mexicana. La edad de oro del relato latinoamericano produjo gigantes como Jorge Luis Borges, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Juan Carlos Onetti, Arturo Uslar Pietri, Elena Garro y José María Arguedas. Entre esa pléyade, con pleno derecho, se sitúa Asturias, Premio Nobel de Literatura en 1967.Estos escritores rehuyeron del realismo de la novela social y del indigenismo, que caracterizó a los textos de las primeras décadas del siglo XX y se aventuraron en nuevas visiones, entre las que predominaron formas de literatura fantástica. Confluirían en la corriente muy latinoamericana que asumió el nombre de “realismo mágico” y estableció una marca indeleble en las letras del subcontinente. Ya eran quienes son cuando apareció el famoso boom, que fue un fenómeno editorial, no una escuela, ni un estilo, ni siquiera una postura existencial. Grupo desigual que contó con excelentes escritores. Algunos de ellos, con talento, por cierto, utilizaron el realismo mágico, inventado por sus antecesores.La temática de El señor presidente corresponde a las llamadas “novelas de dictador”, vertiente latinoamericana que produjo grandes obras. Entre ellas están El recurso del método (1974) de Alejo Carpentier, El otoño del patriarca (1975) de Gabriel García Márquez y La fiesta del chivo (2000) de Mario Vargas Llosa. El relato de Asturias inauguró el género y se mantiene como referente no igualado. Basada en la figura del dictador Manuel Estrada Cabrera que gobernó Guatemala con brutalidad de 1898 a 1920, no nombra al modelo, ni a ningún personaje real, ni al país. Creó una figura intemporal, que se mueve entre la niebla mitológica precolombina y la realidad del subdesarrollo. Es un arquetipo de validez cósmica, que al no tener lugar ni nombre vale para todas partes. Recoge, analiza y plasma los defectos, complejos y distorsiones que encontramos no solo en Estrada Cabrera, sino en todos los tiranos y tiranuelos que pululan en la historia latinoamericana, algunos de los cuales aún persisten aferrados a sus tronos edificados con cráneos humanos. Retrata con acierto y finura al entorno del dictador, la bajeza, doblez e indignidad que caracterizan a sus esbirros. También describe y desmonta las estructuras que los sostienen, la manipulación de la justicia, el apego a la farsa constitucionalista y el culto al autócrata, que se considera encarnación del propio pueblo.Al analizar el fenómeno literario de las novelas de dictador llama la atención que el Ecuador no haya contribuido a esta lista con una novela de consideración. Aunque se pueden esgrimir objeciones literarias, la verdadera razón es que no hemos sufrido una dictadura de la ferocidad y duración de la de Gómez en Venezuela, de los militares del Cono Sur o de los antillanos. Sirva El señor presidente como estímulo y prevención para que, ojalá, no cambie esta afortunada realidad histórica. (O)
Alfonso Reece Dousdebés: Cumpleaños del señor presidente | Columnistas | Opinión
Al analizar el fenómeno literario de las novelas de dictador llama la atención que el Ecuador no haya contribuido a esta lista con una novela de consideración.







