ExplicativoA los 120 años de su natalicio, conviene recordar las lecciones que dejó el expresidente, quien también fue periodista, político e internacionalista.Visita al país del de los Estados Unidos John F. Kennedy, y de su esposa Jacqueline, en 1961. Foto: Archivo EL TIEMPO22.08.2026 04:09 Actualizado: 22.08.2026 04:09
Alberto Lleras Camargo tuvo muchas facetas. Fue periodista, político e internacionalista, y esas tres dimensiones se cruzaron a lo largo de una vida que le permitió participar como protagonista en algunos de los momentos decisivos de la historia colombiana y latinoamericana del siglo XX. LEA TAMBIÉN Transitó con naturalidad entre una redacción, el Congreso, un ministerio, la Presidencia de la República y la dirección del sistema interamericano. Fue un hombre de poder, pero también de ideas y de palabras, y un republicano que entendió la política, antes que como la imposición de una doctrina, como una forma de construir instituciones y hacer posible la convivencia.El periodistaLleras comenzó por donde terminaría: el periodismo. Muy joven frecuentó las revistas y los periódicos bogotanos y estuvo cerca de Germán Arciniegas y de esa extraordinaria generación intelectual que convirtió las redacciones en verdaderas universidades. Pasó por EL TIEMPO y participó en Universidad, la revista fundada por Arciniegas. En 1926 viajó a Argentina, donde escribió en El Litoral de Santa Fe, El Heraldo de Concordia y terminó vinculado a La Nación de Buenos Aires.Después vendría Europa. En 1929 viajó a España para cubrir la Exposición Iberoamericana de Sevilla y pasó por París, donde se encontró con Eduardo Santos y Alfonso López Pumarejo. El encuentro con este último resultaría decisivo. Al retornar encontró una Colombia en plena transformación: terminaba la Hegemonía Conservadora y comenzaba el ascenso liberal que llevaría a Enrique Olaya Herrera a la presidencia en 1930.El periodismo nunca fue para Lleras una actividad secundaria. En aquellos años política y periodismo estaban profundamente entrelazados. EL TIEMPO de Eduardo Santos, El Siglo de Laureano Gómez, La Razón de Juan Lozano y Lozano y El Liberal representaban proyectos distintos. Las grandes controversias también se libraban desde sus páginas, y Lleras entendió como pocos que gobernar era también persuadir. LEA TAMBIÉN Incluso después de haber sido presidente regresó a las redacciones. Tras dejar la presidencia en 1946 estuvo vinculado a la creación de Semana y, muchos años después, terminada su segunda presidencia, volvió al periodismo desde la revista Visión.El políticoYa en Colombia ingresó rápidamente en la vida política. Fue concejal de Bogotá, entró a la dirección del Partido Liberal, llegó al Congreso y alcanzó la presidencia de la Cámara siendo todavía extraordinariamente joven. Su rápido ascenso refleja también una época en la cual el periodismo, el Parlamento y la política formaban parte de un mismo universo intelectual.El momento decisivo llegó con Alfonso López Pumarejo en 1934. Lleras entró a la presidencia y luego al gabinete como ministro de Gobierno y ministro de Educación, convirtiéndose en una figura central de la Revolución en Marcha. La reforma constitucional de 1936 fortaleció la intervención estatal y consagró la función social de la propiedad. La Ley 200 avanzó en la modernización del régimen de tierras, mientras las reformas laborales, educativas y tributarias buscaban transformar el país. El Acto Legislativo 1 de 1936 lleva su firma como ministro de Gobierno.Aquellas ideas tampoco habían surgido de la nada. Muchas provenían de las discusiones del liberalismo desde el Congreso de Ibagué de 1922, bajo el liderazgo del general Benjamín Herrera. López convirtió buena parte de aquel programa en acción de gobierno y encontró en Darío Echandía y Alberto Lleras dos de sus principales ejecutores. LEA TAMBIÉN Lleras volvió al Ejecutivo durante la segunda administración de López y en 1945 llegó por primera vez a la presidencia tras su renuncia. Tenía apenas 39 años. Su mandato fue breve pero significativo: le correspondió entregar el poder en 1946, cuando la división liberal entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán permitió la victoria del conservador Mariano Ospina Pérez. Se cerraban así dieciséis años de gobiernos liberales.Después de su paso por el sistema interamericano se convirtió en una figura fundamental de la oposición a Gustavo Rojas Pinilla. Comprendió que la salida de la dictadura exigía también superar el enfrentamiento entre liberales y conservadores que había contribuido a la Violencia. Participó así en la construcción del entendimiento bipartidista que condujo a la caída de Rojas en 1957 y posteriormente al Frente Nacional.Al asumir nuevamente la presidencia, Lleras ya no era el joven prodigio de la Revolución en Marcha, sino un estadista de 52 años llamado a gobernar un país que acababa de atravesar la Violencia y una dictadura. Una de sus prioridades fue reafirmar la subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil. En su célebre discurso del Teatro Patria del 9 de mayo de 1958 expresó lo que estaba en juego:“Como estoy ahora aquí, solo, entre ustedes, así estaré hasta el término de mi mandato. Esta frágil figura será, hasta el límite de sus capacidades y de sus energías, el símbolo de la voluntad nacional. Se puede quebrantar con un gesto, con un ademán, sin esfuerzo alguno. Pero si se quiebra, se quiebra con ella la historia de la República, y la honra de las Fuerzas Armadas, la fe entre las gentes, y todo lo que sigue es el vacío, la fuerza, la coacción, la incertidumbre, la ley de la selva sustituyendo la ley fundamental de la Nación”. No defendía solamente la autoridad presidencial, sino un principio esencial de la democracia: las armas de la República debían estar sometidas al poder civil.La otra gran preocupación era la violencia que todavía afectaba a extensas regiones. En 1959 impulsó una política de pacificación dirigida a enfrentar sus secuelas, reincorporar grupos armados a la legalidad y recuperar la autoridad estatal.El Frente Nacional tampoco podía reducirse a un acuerdo para repartir el poder. Su administración impulsó la reforma agraria que culminó con la Ley 135 de 1961 y la creación del Incora, fortaleció la planeación económica y promovió una reorganización administrativa destinada a hacer más técnico y eficaz al Estado, entre otros aspectos. LEA TAMBIÉN El internacionalistaLa tercera dimensión de Alberto Lleras fue internacional y probablemente sea la que hizo excepcional su trayectoria dentro de la historia política colombiana. Su aprendizaje diplomático comenzó mucho antes de llegar a la OEA y tuvo como escuela las conferencias panamericanas de los años treinta.En 1933, con apenas 27 años, Lleras asistió como secretario de la delegación colombiana a la VII Conferencia Internacional Americana de Montevideo. Allí tuvo su primera gran experiencia en la diplomacia multilateral y conoció directamente las tensiones entre Estados Unidos y América Latina, así como los debates sobre principios que serían fundamentales para el sistema interamericano: la no intervención, la igualdad jurídica de los Estados y la solución pacífica de las controversias.Tres años después participó en la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz de Buenos Aires, en momentos en que el viejo panamericanismo comenzaba a transformarse en un sistema más amplio de cooperación política y seguridad continental. Lleras aprendió allí el valor de la negociación y de la construcción de consensos entre países con intereses distintos. La Conferencia de Lima de 1938, aunque no contó con su presencia, continuó ese proceso. Montevideo, Buenos Aires y Lima fueron así etapas de una evolución institucional que Lleras conoció de cerca y que tendría su gran culminación una década después, en Bogotá, con la creación de la Organización de los Estados Americanos.Lleras Camargo fue clave en la creación de la OEA. Foto de una asamblea general de la OEA en 2022. Foto:EFESu experiencia internacional se profundizó como embajador de Colombia en Estados Unidos, donde conoció directamente la política de Washington durante la Segunda Guerra Mundial. En 1947 fue elegido director general de la Unión Panamericana y un año después Bogotá se convirtió en el centro político del continente con la IX Conferencia Internacional Americana. Mientras las delegaciones discutían la nueva arquitectura institucional del hemisferio, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán desencadenó el 9 de abril. En medio de aquel cataclismo nació la Organización de Estados Americanos, y Lleras se convirtió en su primer secretario general. LEA TAMBIÉN Permaneció al frente de la OEA hasta 1954 y adquirió algo que pocos dirigentes colombianos poseían: un conocimiento directo de Estados Unidos y, simultáneamente, una visión latinoamericana de las relaciones internacionales.Toda esa experiencia resultó fundamental cuando regresó a la presidencia en 1958, precisamente cuando América Latina comenzaba a convertirse en uno de los escenarios más delicados de la Guerra Fría. La Revolución cubana en 1959 y el rápido deterioro de las relaciones entre Fidel Castro y Estados Unidos transformaron el escenario hemisférico. Colombia tuvo un papel importante en las discusiones sobre Cuba, y Lleras defendió la institucionalidad interamericana frente a la radicalización ideológica del continente.Al mismo tiempo construyó una estrecha relación con John F. Kennedy, y Colombia se convirtió en uno de los escenarios centrales de la Alianza para el Progreso, que buscaba responder al desafío cubano mediante desarrollo económico, reformas sociales y fortalecimiento democrático. La visita de Kennedy a Colombia en diciembre de 1961 simbolizó aquella relación y mostró hasta qué punto el antiguo secretario general de la OEA llevaba ahora a la presidencia la experiencia acumulada durante décadas en el sistema interamericano.Observaciones finalesPocas figuras colombianas del siglo XX reunieron tantas dimensiones como Alberto Lleras. A las del periodista, político e internacionalista se agregó también la del académico, como rector de la Universidad de los Andes. Pero lo verdaderamente interesante no es la cantidad de responsabilidades que desempeñó, sino la coherencia que existió entre ellas. En todas aparece un hombre que confió en las instituciones, en la palabra y en la búsqueda de acuerdos como instrumentos para ordenar la vida pública.El gran intelectual y político Juan Lozano y Lozano lo definió magistralmente en Mis contemporáneos (1971) como un “político intuitivo, penetrante, panorámico, que pensaba en función de golpes de inteligencia y de grandes e inexplicables corazonadas”. Agregaría yo que Lleras fue también un escritor agudo y un verdadero pensador e intelectual de la política.Una de sus reflexiones permite entender mejor su pensamiento:“No creo que la política encierre valores absolutos, se haga con dogmas religiosos o tesis filosóficas, ni sea el instrumento para hacer prevalecer doctrinas puras. La política tiene una finalidad más modesta: la de la convivencia de los hombres en una sociedad organizada bajo un buen gobierno, con una buena administración de los intereses de la colectividad”.Una lección que conserva plena vigencia para nuestras democracias, hoy más inclinadas a profundizar disensos y radicalismos que a construir consensos, buen gobierno y convivencia pacífica.(*) Ex fiscal general de la Nación, profesor del Adam Smith Center for Economic Freedom, Florida International University (FIU). Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.






