Cada uno encuentra sus propios motivos para escribir un libro. Giovanni Dozzini lo hizo porque llevaba tiempo con una frase de Bertolt Brecht resonándole en la cabeza: “Hablen los demás de su vergüenza; yo hablo de la mía”. Su vergüenza está grabada en las marcas que todavía hoy pueden verse en la fachada de la iglesia de la plaza de Sant Felip Neri, aunque casi ninguno de sus compatriotas haya querido enfrentarse a ellas. Su último libro se titula Maiorca –escrito a la italiana– y relata los bombardeos fascistas sobre Barcelona. “He querido saldar, en la medida de mis posibilidades, una deuda que Italia tiene con la ciudad que más quiero”, explica.El tema sigue siendo, noventa años después, una especie de tabú en Italia. Todo el mundo conoce Gernika, pero casi nadie sabe nada de las bombas lanzadas sobre Barcelona, un experimento cínico de bombardeo contra la población civil cuyas lógicas, sostiene, siguen tristemente vigentes. “Los italianos que van a Barcelona o a Mallorca, muchas veces para divertirse, deberían saber que allí nosotros hicimos cosas horribles”.“He querido saldar una deuda que Italia tiene con la ciudad que más quiero”, declara el autorPublicada por Fandango, la obra reconstruye las biografías de los “voluntarios” que Benito Mussolini envió a las Baleares para apoyar el alzamiento y que permanecieron durante un tiempo en Palma, alimentando incluso ciertas ambiciones imperialistas sobre el archipiélago. El resultado es una investigación narrativa desarrollada con rigor histórico y un notable pulso literario.Dozzini cuenta que hizo el Erasmus en Barcelona hace ya más de veinticuatro años, pero entonces no sabía absolutamente nada de esta historia. “Se puede pasar mucho tiempo en Barcelona sin conocer este episodio. Yo era un veinteañero con inquietudes políticas, había leído Homenaje a Cataluña, pero mis prioridades eran otras”. Vivía en el Barri Gòtic y pasaba con frecuencia por la plaza Sant Felip Neri. “Pregunté por aquellos agujeros en la fachada de la iglesia y alguien me dijo que eran las huellas de los fusilamientos de religiosos cometidos por los republicanos. Era la versión falsa difundida por el franquismo”.Una mujer en una casa bombardeada por la aviación italianaArchivoCuando volvió a Barcelona en el 2014 y habló con los activistas de las asociaciones Altraitalia y Altramemoria descubrió que la realidad era muy distinta. Aquellas marcas eran las huellas que dejaron las bombas italianas durante la masacre de Sant Felip Neri. “Esa plaza ocupa un lugar central en la obra; es el reflejo de las distintas versiones que se han ido superponiendo”.Más que la curiosidad histórica, lo movía una necesidad moral. “El hecho de que la opinión pública italiana sepa tan poco de todo esto fue un estímulo, pero hay algo aún peor: el Estado italiano nunca ha reconocido sus responsabilidades, jamás ha colaborado con el proceso judicial abierto en el 2013 gracias al trabajo de las asociaciones. Nunca ha habido una verdadera toma de conciencia. Es una cuestión histórica, pero también política. En el fondo responde a una actitud muy occidental que seguimos viendo hoy: señalar las culpas ajenas sin afrontar las propias”.¿Cómo se explica esa gran amnesia italiana? “El mito de los italiani brava gente es muy difícil de desmontar. Mi país combatió dos tercios de la Segunda Guerra Mundial en un bando y el último tercio en otro. Al terminar el conflicto hizo falta construir el relato de una nación que, en el fondo, no había tenido demasiadas culpas. En la escuela nos enseñaban que el colonialismo italiano había sido poco más que una opereta, cuando en Libia y Etiopía se cometieron crímenes atroces que fueron el precedente de lo que después ocurriría en Europa”.Fue el propio Mussolini quien ordenó los bombardeos masivos del 16 al 18 de marzo de 1938, también como respuesta a una opinión pública inquieta por la anexión alemana de Austria y, en palabras del propio dictador, para que los italianos dejaran de ser conocidos “solo como tocadores de mandolina”.Aunque la acción transcurre sobre todo en Barcelona, Maiorca se titula así por una razón que va más allá de la decisión editorial y tiene también un sentido literario. “Yo me centro más en los verdugos que en las víctimas, y los responsables de aquellas matanzas estaban en la isla de Mallorca, que Italia llegó a imaginar durante algunos meses como una futura colonia”. Allí transcurre la vida cotidiana de aquellos pilotos que, a media tarde, despegaban rumbo a Barcelona, sembraban la muerte y regresaban a tiempo para cenar y pasar la noche entre vino y mujeres.La obra está teniendo una buena acogida en Italia y Dozzini espera que algún día llegue también a las librerías catalanas y españolas. Al fin y al cabo, él llegó a Barcelona con una mochila al hombro y muchas ganas de descubrir la ciudad. Otros italianos de casi su misma edad habían llegado allí, décadas antes, pilotando bombarderos. Y esos fantasmas, para quien quiera buscarlos, siguen ahí.