En la Axarquía malagueña se encuentra un municipio blanco que ostenta un título singular en todo el continente europeo. Y es que Frigiliana es el único rincón de Europa donde todavía se produce de manera tradicional la miel de caña de azúcar. Este producto, que forma parte esencial de la identidad local, ha sobrevivido al paso de los siglos manteniendo una esencia artesanal envidiable. Pasear por sus calles empedradas es transportarse a una época donde el dulce aroma de la melaza inundaba cada esquina del pueblo. Los visitantes quedan maravillados al descubrir que este tesoro gastronómico no depende de las abejas para su creación. La técnica empleada para obtener este néctar oscuro y denso es un legado que los habitantes de esta localidad de la provincia de Málaga cuidan con celo.

La historia de este cultivo en la península ibérica se remonta a más de un milenio, cuando los árabes introdujeron la planta desde Oriente. Fue en la franja costera situada entre Málaga y Granada donde la caña encontró el microclima perfecto para prosperar con fuerza. Durante siglos, los campos de esta zona estuvieron cubiertos por el verde intenso de las plantaciones que alimentaban los ingenios locales. Con el tiempo, la mayoría de estas fábricas desaparecieron debido a la competencia de otros cultivos y el auge del turismo. Sin embargo, en este pequeño enclave malagueño, la tradición se negó a morir, conservando el último bastión de producción activa.