El análisis lo ha hecho la Dirección General de Asuntos Económicos y Financieros de la Unión Europea (UE), y lo que viene a decir es que el impacto de los fondos europeos sobre España, Grecia e Italia, los tres países que más dinero han recibido, ha sido desigual. En particular, en empleo e inversión. Ahora bien, en los tres casos el PIB se ha acelerado de forma significativa en relación a los países que menos fondos recibieron. En el caso de España, en concreto, el empleo es lo que más ha contribuido al crecimiento potencial de la economía, mientras que, en paralelo, ha avanzado la productividad. Sin embargo, la inversión ha aumentado menos que en Italia y Grecia. Lo que más se destaca es el buen comportamiento del empleo. De hecho, como sostiene el estudio, el efecto sobre el mercado laboral en los tres países es incluso más notable que su desempeño en el PIB. En concreto, el crecimiento de la ocupación —medido en horas trabajadas— ha sido mucho más fuerte en los tres países que en lo que denomina el autor el grupo de control. Es decir, los Estados miembros de la zona del euro con asignaciones totales del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR) inferiores al 1,5% del PIB. Según sus datos, el año pasado las horas trabajadas fueron un 8,1%, un 7,4% y un 7,5% superiores a sus niveles de 2019 en Italia, España y Grecia, respectivamente, en comparación con un aumento de solo el 2,6% en el grupo de control. Ahora bien, el nivel de empleo de España se mantiene por debajo del que implicaría una simple extrapolación de la tendencia, aunque continúa creciendo muy rápidamente. Hay que tener en cuenta que la situación de partida de España, Grecia e Italia es muy diferente, pero también la cuantía de lo asignado. El plan de Italia, con una asignación que representa el 9,1% del PIB, incluyendo el 3,4% en subvenciones, se basa en gran medida en reformas, especialmente en justicia y administración pública, y pone un énfasis comparativamente mayor en la juventud y la digitalización. El plan de Grecia, que asciende al 16% del PIB, incluyendo el 8,1% en subvenciones, destaca por su gran mecanismo de préstamos destinado a movilizar la inversión privada con amplias reformas en el trabajo, la administración pública y la justicia. El plan de España, equivalente al 6,8% del PIB, incluyendo el 5,3% en subvenciones, combina una importante reforma del mercado laboral con una inversión comparativamente fuerte en medidas para mejorar la competitividad. La inversión El efecto en el PIB, en todo caso, también ha sido significativo. El PIB real después de la pandemia ha crecido con mayor fuerza en Grecia, España e Italia que en los países que han recibido menos fondos. En 2025, el PIB real era un 10,8% superior a su nivel de 2019 en Grecia, un 10,2% superior en España y un 6,4% superior en Italia, en comparación con un aumento de solo el 5,4% en el grupo de control. ¿Qué ha sucedido con la inversión? Lo que dice el estudio, firmado por Dino Pinelli, asesor de investigación de la Dirección General de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea, es que en los tres países, la recuperación posterior a la COVID-19 ha evitado que se repita la prolongada debilidad de la inversión observada después de 2008. La inversión total como porcentaje del PIB ha aumentado en Italia, España y Grecia en un 3,7%, un 0,3% y un 5,9% del PIB, respectivamente, mientras que cayó en torno a un 2% del PIB en el grupo de control. Es decir, España, de los tres países, es el que ha tenido un peor desempeño. En todo caso, las tasas de inversión en Italia y España están ahora en línea con las del grupo de control, mientras que Grecia se ha estado poniendo al día rápidamente, aunque partiendo de un nivel muy bajo. PIB real de España, Grecia e Italia comparado con el grupo de control. Esto es importante, sostiene el análisis, porque demostraría que la inversión pública respaldada por los fondos no ha desplazado la inversión privada y, por el contrario, puede haber contribuido a atraerla, incluso mediante el uso directo de parte de la financiación para apoyar la inversión de empresas no financieras. Otra de las cuestiones que aborda el estudio es cómo han contribuido los fondos europeos al crecimiento potencial de las tres economías. Es decir, lo máximo que puede crecer una economía sin generar grandes desequilibrios macroeconómicos. Y lo que observa Bruselas es que en los tres países el capital y el trabajo han contribuido sólidamente al crecimiento potencial, con una contribución especialmente fuerte del trabajo en España. También se ha beneficiado la productividad total de los factores (PTF), en particular en España, pero sobre todo en Grecia. Peor ha sido el comportamiento de Italia, cuyo crecimiento potencial continúa lastrado. A más largo plazo, el estudio estima que en España e Italia la producción potencial en 2025 ya supera el nivel proyectado en 2019, y se prevén nuevos incrementos, especialmente en España. Al mismo tiempo, se proyecta que el crecimiento de la producción potencial de Italia se desacelere gradualmente después de 2026 y se detenga casi por completo en 2034, también debido a tendencias demográficas adversas. Para Grecia, se estima que la producción potencial en 2025 sea ligeramente inferior a las proyecciones de 2019, pero las proyecciones más recientes apuntan a un crecimiento más sólido posteriormente. El análisis lo ha hecho la Dirección General de Asuntos Económicos y Financieros de la Unión Europea (UE), y lo que viene a decir es que el impacto de los fondos europeos sobre España, Grecia e Italia, los tres países que más dinero han recibido, ha sido desigual. En particular, en empleo e inversión. Ahora bien, en los tres casos el PIB se ha acelerado de forma significativa en relación a los países que menos fondos recibieron. En el caso de España, en concreto, el empleo es lo que más ha contribuido al crecimiento potencial de la economía, mientras que, en paralelo, ha avanzado la productividad. Sin embargo, la inversión ha aumentado menos que en Italia y Grecia.