“Háblame, Musa, del hombre de múltiples tretas que por muy largo tiempo anduvo errante…” Los primeros versos de la Odisea, un poema compuesto hace 2.800 años cuyo origen sigue siendo un misterio, pero sin el que no se puede entender nuestro mundo, resuenan más que nunca este verano. El estreno el pasado viernes de la película de Christopher Nolan basada en el relato épico griego ha devuelto a la actualidad este libro infinito que recoge historias que la humanidad lleva contándose desde hace tres milenios y ha demostrado, una vez más, la vigencia de los clásicos.Los 12.000 versos, divididos en 24 cantos, han tenido reescrituras, desde Virgilio hasta James Joyce o Margaret Atwood, y traducciones magníficas como las de Carlos García Gual al castellano o Carles Riba al catalán, y siempre han reflejado los problemas, los deseos y las esperanzas de cada época. Desde el confín de los siglos, la Odisea nos habla de la nostalgia por el hogar perdido, de los migrantes que luchan por encontrar su lugar en el mundo, del precio insoportable que pagan los seres humanos por las guerras que desatan.La versión de Nolan, que ha recibido tantas críticas positivas como negativas, insiste en la importancia de respetar las leyes sagradas de la hospitalidad hacia los extraños en un momento en el que la xenofobia campa a sus anchas por demasiados países. Sobre todos los personajes sobrevuela la sensación de que viven en un mundo que está a punto de sufrir una enorme transformación, de tal forma que el final de la Edad Bronce griega se transforma en una reflexión sobre el presente cambiante y peligroso. Aparte de llenar las salas de cine, también las mesas de novedades de las librerías se ven repletas de diferentes traducciones de Homero, en verso o en prosa, así como de ensayos sobre el poema. La clasicista Mary Beard ha dicho que espera que nuevas generaciones de lectores descubran que textos escritos hace miles o cientos de años también cuentan el presente. En esta época de impactos fugaces e imágenes perecederas, esta es la fuerza de los clásicos y lo que explica que Cervantes, Shakespeare, Dante, Virgilio o Safo nos sigan hablando hoy.El verano puede ser propicio a la lectura, a los viajes soñados o reales, a las horas elásticas de la infancia recobrada para sumergirse en historias antiquísimas y muy modernas como la del largo regreso a Ítaca de Ulises, que nos muestra todo lo que compartimos. Lo escribió Irene Vallejo en El infinito en un junco: “Desde tiempos remotos, de generación en generación, nos relatamos los hechos históricos que han dejado huella en la memoria de las generaciones, pero tenemos la manía reincidente de convertirlos en leyendas”. Son esas voces que a través de los milenios nos dicen: “Somos vosotros”; esas palabras cargadas de sentido e indemnes al tiempo; esas leyendas que nos han construido como una sola humanidad.
La Odisea de la humanidad
Hay historias, como el poema homérico que inspira un nuevo filme, que cruzan los milenios para hablarnos de nosotros y nuestro mundo













