Con motivo del estreno de La Odisea, su director, el cineasta británico Christopher Nolan, confesó a Los Angeles Times que llevaba años "contando esta historia" en su cine. No le faltaba razón: una película como Interstellar no deja de ser una versión moderna del viaje y el nostos -el deseo de volver a casa- griego, donde en vez de al rey de Ítaca tenemos un astronauta de la NASA, y el Mediterráneo y su inabarcable número de islas ceden el testigo al espacio profundo y la infinitud de sus planetas. Una confesión que responde a cómo esa fascinación por el poema del rapsoda Homero ha sobrevivido casi 3.000 años que nos separan de la obra original, mutando y adaptándose a los nuevos tiempos: de la tradición oral a la escrita, al libro y el ensayo, la pintura, la gran pantalla o el videojuego.PublicidadSi bien este 2026 Nolan ha devuelto La Odisea al centro de la discusión cultural, ya sea por su astronómica taquilla o por un renovado interés literario en el poema original, la humanidad lleva siglos contando esta historia. No resultaría descabellado afirmar que los romanos fueron de los primeros en versionarla: 800 años después de Homero, el poeta Virgilio compuso La Eneida, que narra las peripecias del príncipe troyano Eneas mientras, como ya hiciera Odiseo, recorre el Mar Mediterráneo en busca de un nuevo hogar. A pesar de sus variaciones y la profunda intencionalidad política de la obra de Virgilio -se trata de una historia fundacional para Roma, y el vehículo para emparentar a la estirpe imperial con los dioses-, lo cierto es que La Eneida responde al mismo motivo presente de la original: el anhelo de un hogar, de un lugar seguro, como motor del viaje de un héroe dispuesto a todo por regresar.En un artículo para la Universidad de Cambridge, la investigadora Justine McConnell defiende que esta "adaptabilidad" sustenta el atractivo de la obra original, una cualidad "encapsulada" en el sobrenombre que Homero le da a Odiseo: polytropos, "hombre de muchos caminos". El afamado antropólogo Joseph Campbell le dio otro nombre, quizá más conocido, en su libro homónimo: El Héroe de las Mil Caras.Así, de la epopeya latina de Roma, a los cantares de gesta con los que los juglares de la Edad Media entretenían al pueblo, lo que queda claro es que llevamos casi 3.000 años reescribiendo la misma historia. También nuestro país posee a su propio Odiseo, presente en la obra cumbre de las letras hispánicas: Don Quijote de La Mancha. "Cuando un pintor quiere salir famoso en su arte procura imitar a los originales [...] así lo debe hacer quien quiere alcanzar nombre de prudente o sufrido, imitando a Ulises (Odiseo)", escribió Miguel de Cervantes, que en toda su obra nunca ocultó su interés por el mundo clásico y su mitología. Ya sea a través de la lucha contra supuestos gigantes o por su ardiente deseo de regresar a los brazos de su amada Dulcinea, el hidalgo Alonso Quijano se reafirma como un Odiseo en potencia.PublicidadMil caras de Odiseo: Hobbits, vaqueros y un ratón amarilloEl mundo de la literatura está plagado de Odiseos, aunque si el mundo mítico de Homero ha inspirado a un género concreto, es el de la fantasía. El pasado siglo, J. R. R. Tolkien ya trabajó con las ideas del viaje y regreso en los dos únicos libros que publicó en vida: El Señor de los Anillos y, como deja patente en su título, El Hobbit: una historia de ida y vuelta. En ambas novelas, los hobbits Frodo y Bilbo pagan el precio del viaje y anhelan un hogar que se presenta siempre como el último destino. Enfrentan trolls, dragones, y demás criaturas fantásticas, como más tarde lo harían las novelas de la saga de El ciclo de Terramar de Ursula K. Le Guin, los nuevos héroes griegos de Rick Riordan en la saga Percy Jackson o el más reciente de todos: el "viaje antes que destino" que tanto enarbolan los lectores del prolífico Brandon Sanderson en su inmenso Archivo de las Tormentas.Ya en la época de su publicación, la Tierra Media y la tradición homérica fueron vasos comunicantes. En 1954, el escritor C. S. Lewis (Narnia) escribió que la obra de Tolkien era parte de "una historia que se remonta a La Odisea y más allá". Un libro (el de Tolkien) que representaba una "revolución" dentro de esa historia, según Lewis: la conquista de "nuevos territorios" de la imaginación que otros aprovecharían, así como Tolkien bebió de La Odisea. Por no olvidar que, en una de sus famosas cartas, el padre de la fantasía moderna reconocía haber descubierto "la sensación de placer literario en Homero". Ver vídeo La isla de Calipso: Ulises y el gigante Polifemo.George MélièsPublicidadEn el cine, no sólo Nolan lleva años "contando esta historia". George Méliès, considerado uno de los padres del séptimo arte, ya rodó en 1905 un cortometraje titulado La isla de Calipso: Ulises y el gigante Polifemo -con un presupuesto infinitamente inferior a los 250 millones de la adaptación del británico-. Desde entonces, entre películas western, guerras en galaxias lejanas y demás cintas superheroicas, podemos contar Odiseos por millares. Sin embargo, la idea del nostos está especialmente presente en un género que en ocasiones puede pasar inadvertido: el de las road movies -películas de carretera- como Green Book o Pequeña Miss Sunshine. Cintas que también nos hablan, como La Odisea, de la crueldad del viaje y de lo que dejamos atrás, pero también de lo que significa la vuelta a casa, sea ésta un lugar físico, como el apartamento en Nueva York de un chófer italoamericano; o metafórico, sobre una familia que deja atrás su individualidad para volver a ser justo eso: un hogar.Si McConnel subraya la "adaptabilidad" de La Odisea, el profesor de Estudios Clásicos de la Universidad de Georgia (EEUU) Charles Patter, en un podcast a raíz del estreno de la película, llega a afirmar que "cada generación encuentra una Odisea diferente". Por eso el poema también ha encontrado su hueco a través del videojuego, el formato favorito de las nuevas generaciones. Se encuentra, por ejemplo, en Red Dead Redemption, donde el ex forajido John Marston recorre los desiertos del Viejo Oeste cumpliendo una serie de misiones con el objetivo de reencontrarse con su esposa e hijo, que son rehenes de agentes del gobierno -en vez de los homéricos pretendientes-. De hecho, en uno de los diálogos un personaje del juego hace una mención explícita al héroe griego y al episodio del caballo de Troya, al ofrecerse a Marston como un "astuto Odiseo".También se podría hablar de la saga The Legend of Zelda e incluso de los títulos del fontanero Mario Bros, pero en el fondo pocos juegos de consola representan mejor el espíritu del viaje y regreso de Homero que Pokémon. En 2004, un estudio de la Charles Sturt University de Melbourne ya relacionaba el poema homérico con "la experiencia de los jóvenes jugadores en su viaje por el mundo virtual" que ofrece la saga de monstruos de bolsillo. Unos juegos que se construyen a través de la premisa de dejar atrás el hogar, viajar y conocer lugares y personas (y Pokemón) diferentes, con el objetivo de un día emprender el viaje de vuelta a Ítaca -o, en este caso, el Pueblo Paleta-.Un ejemplo que muestra cómo la fascinación por la obra de Homero es capaz, incluso, de traspasar fronteras: Japón, posiblemente el país más alejado geográficamente del mundo grecolatino, ha programado su gran epopeya moderna siguiendo las pautas con las que Homero cantó la suya. Da igual que hable del mar, el espacio o la Tierra Media, o que Odiseo enfrente a Polifemo, unos molinos de viento o al ratón Pikachu.
Las mil caras de 'La Odisea': por qué 3.000 años después seguimos contando la misma historia
Tres mil años después, el poema griego sigue inspirando historias diversas gracias a su capacidad de fascinarnos en libros, películas e incluso videojuegos....






