Manuel Mart�n Mart�n El Puerto de Santa Mar�a (C�diz)Actualizado Domingo,

julio

12:10Concierto: II Ciclo Flamenco bajo la luz de la Luna. Recital a beneficio de las Hermanas Comendadoras del Esp�ritu Santo / Cante: Wilo del Puerto / Guitarra: Jesule del Puerto / Palmas: Jos� Pe�a y Ali de la Tota / Lugar y fecha: Patio del Matadero Viejo, de El Puerto de Santa Mar�a. 18 de julio de 2026CALIFICACI�N: ***Con un aforo que se complet� el mismo d�a que se anunci� el recital de Wilo de Puerto, se evidencia que, entre los colectivos andaluces que divulgan el flamenco como motor de desarrollo cultural, econ�mico y social, no hay mucha posibilidad de cotejo con la Asociaci�n Amigos de El Chumi, de El Puerto de Santa Mar�a, pr�diga en programaciones y factor de dinamizaci�n para el territorio, pues constituye un recurso de suma importancia para el desarrollo y la identidad de localidad tan flamenca.Recu�rdese, por ejemplo, que desde finales del silgo XIX se consagran por estos lares los romances, ton�s, seguiriyas y soleares por mor de Curro Pala y El Bizco Sevillano, citados por Dem�filo en 1881, adem�s de El Caneco, Pepe Ano, Luisa la del Puerto, Panete, Juan el Cag�n, creador de una ton�-liviana; El Brujo, art�fice de ton�s, corridos y una seguiriya que escuchamos a Miguel el Bengala; Juan Jos� Ni�o (1859-Sevilla, 1900), o la figura capital de Tom�s el Nitri, primera Llave del Cante.Los que anteceden cedieron el testigo a Teresita Mazantini o los Cepillo, entre los muchos, y si bien hoy el coraz�n de la bah�a de C�diz es la residencia de Sara Baras, el estandarte local lo enarbolan las hermanas Cala, Nazaret y Aroa, y en hombres Wilo del Puerto, cantaor que, con una terna acompa�ante ferviente y acreditada, se reafirm� con rotundidad y sabedor de que nada ni nadie podr�a anular el compromiso con su tierra.Entrando en detalles, Wilo del Puerto luci� brillante y sonoramente flamenco en su arranque en el romance portuense con la ton� de T�o Rivas, abordados de forma inspiradora, aport�ndole aliento y utilizando un ancho vibrato pero sin despertar duda alguna en el respetable, evidenciando que la voz para un flamenco es como los buenos vinos, hay que dejar que se aireen y respiren, de forma que, a m�s minutos sobre el escenario, lejos de fatigarse, el instrumento se calienta, crece y gana en forma, brillo y proyecci�n.As� qued� constatado desde tan cabal principio, como quien era consciente que, tras la ca�da de los tercios puede tomar aliento y bajar un poco el pist�n de intensidad, o en el papel a tomar en la zambra a lo Beni de C�diz, donde la longitud mel�dica hay que saber dosificarla, sobre todo cuando hay arcos mel�dicos que exigen estar interiorizados en la vocalidad.Wilo ha madurado en su discurso expresivo, en tal sentido, como justific� en el modo de rejuvenecerlo y adquirir una frescura renovada, tal que, en la petenera chica, coron�ndola con la tonalidad plet�rica, consistente y mantenida que Jos� Menese recogi� de Pastora Pav�n.Lo que antecede nos lleva a revelar que el cantaor portuense deja poco margen a la imaginaci�n insulsa. Y eso favorece a que lo percibamos m�s introspectivo de lo esperado, como quien busca una aproximaci�n m�s intimista a los cantes de su repertorio, constatado, verbigracia, en la seguiriya a ritmo, pr�diga en enlaces mel�dicos y sin ning�n sonido errado ante un p�blico tolerante y feliz con su cantaor.Y le sobran motivos a la afici�n portuense, pues Wilo luci�, igualmente, un timbre l�mpido en los fandangos personales, evocando esa cremosidad que tanto abundaba en los cantaores de otras �pocas, al par de exhibir una musicalidad y buen gusto apabullantes, los mismos que dej� en el cupl� por buler�a, con momentos tan especiales que parecieron congelar el tiempo.Wilo es -insisto- muy querido en su tierra, y ha logrado que sus paisanos amen sus defectos y limitaciones al lado mismo de sus virtudes. Y me refiero a los agudos, en contraposici�n a un esfuerzo absolutamente meritorio y encomiable, arroj�ndose a tumba abierta a darlo todo, con la certeza de que su repertorio, con el a�adido de buler�as y malague�a de El Mellizo con cierre de jabera, iba cargado de fuego, ofrecido con la pasi�n que aflora en la piel y que rebasa lo acad�mico, mir�ndose en el espejo de aut�nticas referencias, aport�ndoles una personalidad cargada de detalles y respaldada por un grupo acompa�ante en verdadero estado de gracia.El p�blico que agot� las localidades en el anchuroso patio del Matadero Viejo, desbordante y emotivo, supo premiar con sus aplausos la capacidad de Wilo de fundir letras y emisi�n en los tangos -para el gusto del cr�tico a falta de repaso- y los ulteriores fandangos para la admirada asociaci�n AFA que atiende a los pacientes del Alzheimer, pero haci�ndolo con ese sonido hipn�tico que habit� en su voz en la buler�a al modo de Pansequito, con la que volvi� a apoderarse del coraz�n del auditorio.