Una carrera en la que la línea de salida no es la misma para todos. Así recuerda Bie los veranos de su infancia encerrada en casa, soportando el calor "terrible" mientras veía cómo sus amigas acudían a campamentos o podían permitirse clases de refuerzo y actividades extraescolares. Su experiencia, cuenta a Público, resume las desigualdades que genera un sistema educativo infrafinanciado y cada vez más atravesado por la privatización. "Cuando se infrafinancia y se privatiza la educación, quien sale perjudicado es justamente quien no puede pagarse la educación privada o un refuerzo 'extra' en verano o durante el curso fuera del colegio o del instituto", lamenta. Para la joven estudiante, el acceso a las oportunidades educativas sigue dependiendo "demasiado" de la renta familiar. "Si no se hiciese negocio con la educación, habría opciones para todos los niños de forma pública en verano".PublicidadEn España, aproximadamente uno de cada cuatro estudiantes de entre 6 y 18 años recibe clases particulares al margen del sistema educativo reglado. Son alrededor de 1,4 millones de alumnos, según los últimos datos de una encuesta realizada en 2024 y publicada en febrero de 2026 por el Observatorio Social de la Fundación la Caixa. El refuerzo supone un desembolso medio de 97 euros al mes por estudiante y unas tres horas semanales de clases. En conjunto, el mercado mueve más de 148 millones de euros mensuales, lo que equivale a cerca de 1.480 millones al año. El estudio advierte, además, que este gasto puede profundizar las desigualdades educativas al representar un esfuerzo económico muy distinto según la renta de cada familia. Los datos reflejan esa brecha: el porcentaje de estudiantes que reciben clases particulares pasa del 23,1% en los hogares con menos recursos al 25,6% entre los de mayor capacidad económica. Además, estas últimas familias destinan un 18% más de dinero al refuerzo educativo.El último informe de EsadeEcPol, elaborado a partir de los microdatos del Instituto Nacional de Estadística (INE), cifra en 2.782 millones de euros el gasto de los hogares en este tipo de refuerzo durante el curso 2023-2024. La cantidad supone un aumento nominal del 65% respecto al curso 2019-2020 —un 38% si se descuenta el efecto de la inflación—. El análisis también estima que casi la mitad del alumnado recibió algún tipo de apoyo educativo privado. La cosa no termina aquí. El informe Educación en la Sombra en España (2023), basado en la Encuesta de Gasto de los Hogares en Educación del INE, calculaba que el 47% de los estudiantes de entre 3 y 18 años había recurrido a clases particulares durante el curso analizado. El recurso a este tipo de enseñanza se intensifica especialmente durante la ESO y el Bachillerato.Ana Vicenti, profesora en la educación pública: "La necesidad de un refuerzo externalizado en verano tiene que verse como un fallo del sistema"Ana Vicenti, docente de la educación pública madrileña y miembro de la asamblea de profesores Menos Lectivas, considera que la expansión de las clases de refuerzo en verano es el reflejo de las carencias de la escuela pública. "Las políticas de abandono de la escuela pública suponen como consecuencia la necesidad de apoyos que no se están dando desde dentro del centro y que favorecen la privatización", sostiene. En sus palabras, que las familias tengan que recurrir a refuerzos externos durante las vacaciones debe interpretarse como un síntoma de problemas estructurales: "La necesidad de un refuerzo externalizado en verano tiene que verse como un fallo del sistema. Es una de las consecuencias de ratios altas, falta de apoyos necesarios para el alumnado que lo necesita y un sistema sin herramientas para atender de manera individualizada a todo el alumnado como necesita y como exige la ley".Vicenti señala otros factores que empujan a las familias hacia las actividades extraescolares. Por un lado, la necesidad de conciliar durante el periodo estival. Por otro, una creciente presión social que convierte el acceso a determinados servicios privados en una cuestión de estatus. "Los padres y las madres sienten constantemente la necesidad de llevarles a actividades extraescolares en verano y de que la gente considere que tiene más valor si pagan algo. Hay una percepción de que lo público es la opción para quienes no pueden permitirse otra cosa", confiesa. En ese contexto, deja caer, las clases de refuerzo pueden acabar funcionando incluso como "un símbolo de estatus", aunque también respondan a una necesidad práctica de conciliación y a la expectativa de que esas actividades aporten un beneficio académico.PublicidadDesde la FAPA Francisco Giner de los Ríos consideran que el nivel socioeconómico es uno de los factores que más condiciona las oportunidadesDesde la Federación de la Comunidad de Madrid de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (FAPA) Francisco Giner de los Ríos advierten, en conversación con este medio, que la desigualdad educativa no desaparece cuando termina el curso. Al contrario: durante el verano, las diferencias económicas entre las familias pueden traducirse en oportunidades muy distintas para los menores. "Las actividades educativas y de ocio durante el verano dependen en gran medida de la situación económica de cada hogar. El nivel socioeconómico sigue siendo uno de los factores que más condicionan las oportunidades y los resultados educativos", afirman. La organización asegura que muchas familias perciben que los apoyos que antes podían resolverse dentro del propio sistema escolar exigen ahora "un esfuerzo económico adicional" por parte de los hogares.La FAPA considera que la oferta pública de actividades durante los meses de verano es "claramente insuficiente". El resultado, inciden, es que las familias con más recursos pueden recurrir a servicios privados, mientras que aquellas con menor capacidad económica encuentran muchas más dificultades para acceder a alternativas. Por ello, reclaman que las necesidades ordinarias de apoyo educativo se atiendan prioritariamente desde la escuela pública, "mediante refuerzos, desdobles, atención personalizada y una dotación suficiente de profesionales de orientación y apoyo". También consideran prioritario ampliar la oferta pública y gratuita de actividades educativas, culturales y de ocio durante el verano y otros periodos no lectivos, para garantizar que el acceso no dependa de la capacidad económica de cada familia. La federación hace hincapié en que el verano no debería convertirse únicamente en una extensión del calendario escolar. "El descanso, el juego, la lectura, la participación en actividades culturales y el tiempo compartido en familia también contribuyen al desarrollo cognitivo, emocional y social del alumnado", zanjan.La falsa creencia de "quedarse atrás"La psicóloga sanitaria Elena Daprá alerta a Público de que la presión por aprovechar cada momento del verano puede acabar generando en niños y adolescentes la sensación de que parten en desventaja frente a sus iguales. "Cuando perciben que todo el mundo hace cursos, estudia idiomas o recibe clases de refuerzo y ellos no pueden acceder a esas actividades, pueden interpretar que se están quedando atrás, aunque objetivamente no sea así", explica. Bajo su mirada, esa percepción también puede trasladarse a las familias, que sienten la obligación de ofrecer a sus hijos todas las oportunidades posibles para evitar que pierdan terreno. "Vivimos en una cultura en la que parece que descansar es perder oportunidades y en la que muchas familias sienten que, si no aprovechan cada momento para aprender algo más, sus hijos estarán en desventaja", expone.PublicidadElena Daprá, experta: "El debate no es si las clases de verano son buenas o malas, sino para quién son necesarias y a qué coste emocional"Daprá señala que es importante distinguir entre una necesidad educativa real y la presión social o competitiva. "El debate no debería centrarse en si las clases de verano son buenas o malas, sino en preguntarnos para quién son necesarias, con qué objetivo y a qué coste emocional", plantea. "Cuando el aprendizaje responde a una necesidad concreta y respeta el desarrollo del menor, puede resultar beneficioso", añade. El problema aparece cuando nace únicamente del miedo a quedarse atrás. En esos casos, la psicóloga invita a reflexionar sobre el mensaje que se transmite a los menores: "Que nunca es suficiente y que siempre hay que estar rindiendo". A largo plazo, advierte, esa presión es más perjudicial que olvidar una fórmula matemática durante las vacaciones.