Las clases particulares que las familias pagan en paralelo al sistema escolar viven un gran boom en España. En un “clima de competitividad cada vez mayor”, el mercado alcanza los 2.782 millones de euros al año, según un informe publicado este jueves por EsadeEcPol. El estudio refleja que el gasto en la llamada educación en la sombra se está adelantando a la Primaria y que en ella participan padres de todas las clases sociales. Los hogares más acomodados representan, sin embargo, el principal motor, porque en un contexto “cada vez más saturado” de estudiantes con títulos oficiales buscan distinguir a sus hijos “por encima y al margen de lo que el sistema formal ofrece o exige”.El informe elaborado por Lucas Gortazar y Juan Manuel Moreno se basa en la explotación combinada de datos de dos encuestas del INE, la de Gasto de los Hogares en Educación y la de Presupuestos Familiares, y corresponde al curso 2023-2024. El estudio detecta un fuerte aumento del dinero invertido por los padres en clases particulares y otras actividades de aprendizaje (el cómputo incluye las relativas a asignaturas curriculares, como matemáticas o inglés, y extraescolares tecnológicas, como la programación, y artísticas, como la música, pero deja fuera las deportivas) respecto a su anterior análisis, referido al curso 2019-2020. El incremento es del 65% en términos nominales y del 38% si se descuenta la inflación. Los autores señalan, sin embargo, que buena parte de la subida se debe al hecho de que el punto de comparación inicial coincidió con la pandemia, que redujo unos tres meses el gasto en extraescolares. Más que relevancia comparativa, el estudio tiene el valor de reflejar por primera vez de forma completa un mercado educativo enorme y en crecimiento en España, que contribuye a alimentar la desigualdad en el rendimiento escolar.El refuerzo extraescolar de los hijos se observa, con distinto grado, en todos los niveles sociales. También en las familias inmigrantes, entre las que el gasto aumenta un 60% respecto al anterior informe, 15 puntos más que en las autóctonas. Si se divide a las familias en cinco grupos en función del gasto global de los hogares (un indicativo del nivel de renta con la información que ofrecen las encuestas del INE), el quintil que más aumenta su esfuerzo en educación en la sombra es el más pobre. Pasan a hacerlo un 34,1% de las familias (era el 30,3%) y el dinero que destinan crece un 63,5% en euros constantes de 2020, es decir, descontando la distorsión que generaría la inflación, pasando de 123 a 201 euros al año.En el grupo de hogares más acomodados, la subida relativa es un poco menor, pero es la clase social que más destina, con diferencia, a la educación en la sombra: lo hacen el 64% de los padres, y su inversión anual más que dobla a la del quintil más vulnerable, con un promedio (que incluye a los que no destinan nada) de 444 euros al año en euros constantes de 2020. Casi la mitad del total de familias (47%) paga clases particulares a sus hijos.Cada vez antesEl mayor aumento del gasto se registra en Primaria, lo que los autores atribuyen a la “creciente percepción pública de que las bases de la competencia y de la ventaja o desventaja académica se construyen antes de la ESO y hay que preocuparse mucho antes por ellas”.Javier Milara trabaja en un hospital público en Valencia, se sitúa en los quintiles superiores de gasto familiar del estudio de Esade, y acaba de decidir apuntar a su hijo, de 10 años, que ha terminado 4.º de Primaria en un colegio público, a clases particulares de Matemáticas. “Tiene un buen nivel para su clase, pero en su clase no llegan a dar todo el temario, y a veces no lo dan de forma correcta. Y ha sacado excelente, pero al hacer los deberes, veo que es desorganizado y no sabe muy bien, por ejemplo, cómo hacer las divisiones de dos cifras. Lo vamos a llevar para que suba el nivel y llegue con seguridad a los cursos que tiene por delante”, explica Milara.La investigación de Esade divide las clases particulares en tres categorías según el motivo que lleva a las familias a contratarlas. La primera es de “prevención”, con las que los padres buscan que sus hijos no se queden descolgados. Las actividades típicas de este grupo son los repasos de Lengua, Matemáticas y otras materias del currículo. Representan un porcentaje especialmente alto del gasto en educación en la sombra de las familias más pobres, que muchas veces tratan de evitar que sus hijos repitan y fracasen escolarmente. Los autores denominan a la segunda categoría de “posicionamiento”, la asocian con la preparación de “umbrales selectivos”, como la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) o los exámenes para entrar en ciclos formativos de grado superior, y observan que el gasto se concentra, sobre todo, en los dos quintiles de renta superiores.La tercera categoría es la de “distinción”, y es demandada sobre todo por el grupo de mayor renta, aunque “cada vez más también por los quintiles tercero y cuarto”. Abarca el aprendizaje de lenguas extranjeras, actividades artísticas o tecnológicas. Los padres buscan en ella, señala el informe, “el idioma adicional que abre oportunidades laborales en un horizonte de 10 o 15 años, el instrumento musical que señala habilidades cognitivas, sensibilidad emocional y compromiso familiar ante futuros evaluadores o empleadores, o la iniciativa en robótica o aprendizaje de código que construye un perfil diferencial en un mercado laboral marcado por los cambios tecnológicos”.¿Inglés o euskera?El hecho de que el aprendizaje de idiomas sea el tipo de clase que más gasto absorbe, un 45% del total, y que en las comunidades con lengua cooficial esa proporción sea aún mayor, lleva a los autores a plantear la hipótesis de que parte de dichas clases no pertenezcan a la categoría de distinción, sino a la de prevención. Es decir, que serían clases de “Euskera para el hijo de una familia inmigrante hispanófona escolarizado en el modelo D del sistema educativo vasco, o de inglés para el alumno de una escuela bilingüe de Madrid que no puede seguir bien la clase de Ciencias Naturales sin ese apoyo externo”. Algo que la información que proporciona el INE no permite confirmar.El aumento de la demanda de clases de prevención, consideran Gortazar y Moreno, es la que tiene un tratamiento más sencillo mediante los instrumentos ordinarios de política educativa. El propio sistema educativo puede ofrecer clases gratuitas a los estudiantes para evitar que se queden rezagados, como ya sucede a través de programas como el PROA+ o el de repaso de matemáticas. Abordar la demanda de posicionamiento es más complejo, prosiguen, porque exigiría una reforma del sistema de acceso a la educación superior que reduzca la gran importancia que hoy tiene el resultado “obtenido en un solo examen” o grupo de exámenes, como en la PAU. Y la demanda de clases de distinción es todavía más difícil de tratar desde el ámbito educativo, apuntan, al tratarse de “estrategias familiares de acumulación de competencias, experiencias y capital cultural que trascienden el ámbito estrictamente escolar”. Lo que sí cabe, añaden, es “operar sobre sus efectos en términos de equidad”, integrando programas de enriquecimiento educativo en idiomas, artes o tecnología en el sistema educativo formal, o financiarlos “con fondos públicos para las familias que no pueden pagarlos, de modo que la ventaja acumulada no sea exclusiva de quienes tienen recursos”.
“Mi hijo ha sacado excelente, pero quiero que suba el nivel”: las familias ricas disparan el gasto en clases particulares en España
El mercado de las extraescolares educativas alcanza los 2.782 millones de euros, según un informe, un 65% más en cuatro años








